De forma inexorable se
siguen cumpliendo, uno tras otro, los planes establecidos por el sistema para
liquidar a UPyD, día sí día no, los informativos hacen de altavoz anunciando un
nuevo abandono, o deserción, de algún dirigente de medio pelo o cargo público,
que ve como su futuro político peligra y prefiere abandonar el barco en medio
de la tormenta. Entre oportunistas, traidores y memos anda el juego.
Mientras que UPyD es el
partido político más transparente y con mayor democracia interna, recordemos
que hasta el último cargo se elige por votación, algunos de los que se van, o
de los que se quedan para intentar dinamitarlo desde dentro, olvidan que Rosa
Díez sigue al frente del partido apoyada por la gran mayoría de él, en torno al
75% del Consejo de Dirección y del Consejo Político le han dado su apoyo.
Los que han diseñado el
proceso de demolición de UPyD no admiten que este partido quiera seguir siendo
un proyecto autónomo e independiente, ya que desde esa posición es desde la que
se puede defender la justicia y la igualdad.
UPyD no desaparecerá,
cuando todo esto acabe resurgirá de sus cenizas, pues sus sólidos principios la
mantendrán viva. Lo que le están haciendo, puede que hasta le venga bien, pues
los que miran por sus intereses personales buscarán su futuro en otro sitio, y
todos sabemos cual es ese sitio.
El sistema no le perdona a
UPyD su constante lucha contra la corrupción y su insistencia en despolitizar
las instituciones, ya que eso atenta contra el chiringuito que tienen montado
los viejos partidos y, los aspirantes a entrar y disfrutar del chollo.
El aparente detonante de
todo fue la sustitución de Sosa Wagner, alguien que tomó decisiones en contra
del criterio de la dirección de su partido, en cambio, a él lo hicieron los
medios un héroe y al partido culpable.
El futuro de UPyD pasará
por lo que decidan democráticamente sus afiliados en ese crucial congreso
extraordinario que ya tiene fijada fecha. Es evidente, que el sistema y sus
medios, hasta esa fecha tratarán de influir todo lo que puedan para lograr sus
objetivos, espero que los militantes no se dejen influenciar por quienes
defienden intereses espurios.
Los medios del sistema,
machaconamente, nos insisten una y mil veces que UPyD y Ciudadanos son lo
mismo, cosa que no es cierta. Mientras UPyD es un proyecto nacional que
defiende lo mismo en cualquier lugar de España, Ciudadanos es un calco de los
viejos partidos, pues defiende una cosa en Madrid y otra muy modulada en
Cataluña, Navarra o el País Vasco. Mientras UPyD desde su creación reclama la
recuperación de las competencias de los principales servicios básicos para el
Estado, tales como Sanidad, Educación o Justicia, para así garantizar la
igualdad, Ciudadanos nunca ha ido en esa dirección.
Ciudadanos tiene derecho a
existir, pero es un partido centrista a la vieja usanza con vocación de ser
bisagra, un partido en el que se apoyarán los partidos corruptos responsables
de la degradación de nuestra democracia para mantener su chiringuito.
Por lo poco que sé de
política, UPyD y Ciudadanos son como el agua y el aceite, incompatibles, por
mucho que la caja tonta nos diga todos los días que son lo mismo.
