Me sorprende mucho el
escándalo que se ha formado al conocerse el comportamiento que observaba la
antigua delegada de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía en Jaén.
Irene Sabalete pedía a sus
subordinados, en una grabación hecha pública, que hicieran campaña electoral a
favor del PSOE en las elecciones autonómicas de 2012. Irene amenazaba a sus
subordinados diciéndoles que si el PSOE no ganaba las elecciones, ellos no iban
a seguir trabajando en la Junta. Por ello, les instaba a abandonar su trabajo
diario en los consorcios para hacer campaña en favor del PSOE. La juez Alaya,
nada más conocerse la grabación, ha abierto la correspondiente investigación
sobre el asunto.
Estamos hablando de cargos
de la Junta de Andalucía que hacen las veces de comisarios políticos y que se
dedican a mantener el régimen, sea como sea. Los asistentes a la reunión en la
que Sabalete les amenazó, ahora se niegan a hablar aduciendo que “no quieren
tener problemas, ni ellos ni sus familias”. A estas alturas, alguien en su sano
juicio cree que los empleados públicos andaluces son libres de expresar en
público lo que piensan, es evidente que no.
Estas son las consecuencias
de que un mismo partido se perpetúe en el poder durante décadas, al final se
creen los dueños del cortijo y tratan a los empleados públicos como simples
súbditos a los que hay que tener presionados y amenazados para que ninguno se
atreva a sacar los pies del plato.
Sé que el PSOE dirá que son
comportamientos individuales, pero eso ya no cuela, dentro de la Junta de
Andalucía llevan ya demasiado tiempo dándose comportamientos más propios de una
dictadura que de una democracia. Pero claro está, si los andaluces siguen
votando a los mismos, de alguna manera quedan legitimados todos los
comportamientos por muy ilegales o faltos de moralidad pública que sean.
Están en el poder desde
siempre y quieren seguir ahí, cueste lo que cueste y a costa de lo que sea,
aunque en el camino pisoteen los derechos y las libertades de mucha gente, de
muchos que con tal de mantener su puesto de trabajo viven arrodillados ante
quienes claramente les oprimen.
