Lo primero, felicitar al
pueblo griego por haber acudido a las urnas y haber votado en libertad sin
dejarse influir por las fuertes presiones ejercidas sobre ellos por casi todos
los dirigentes europeos.
Ha quedado demostrado que
el pueblo griego está harto y ha querido desembarazarse de una clase dirigente irresponsable,
endogámica, clientelista y corrupta, que ha llevado a su país a la situación en
la que se encuentra.
Lo ocurrido ayer, rompe
cuatro décadas de alternancia bipartidista entre Nueva Democracia y PASOK,
castigándoles por todas las fechorías que han cometido. No obstante, reconozco,
que el pueblo griego también tiene parte de culpa por no haber reaccionado
antes.
La realidad, es que Grecia
estuvo al borde de la bancarrota y tuvo que ser rescatada por 320.000 millones,
comprometiéndose a tomar una serie de impopulares medidas y a devolverlos.
Ahora Syriza, con su líder Tsipras a la cabeza, ha conseguido un resultado
electoral que le permite formar gobierno en solitario sin necesidad de llegar a
grandes pactos.
Tsipras sabe, que una cosa
es lo que querría hacer, y otra lo que puede hacer o le van a dejar hacer, por
ello, al igual que la UE, el BCE y el FMI, deben encontrar una solución
satisfactoria para ambas partes, deben sentarse a negociar para que, unos
recuperen el dinero del rescate y otros, Syriza, consiga hacer la vida de los
griegos un poco menos difícil.
Soy de los que piensa, que
Tsipras no se va a atrever a ejercer de radical desde la presidencia del
gobierno griego, más bien lo hará como estadista y conseguirá que Grecia siga
en el euro, pues sabe que ante la situación creada todos tienen que ceder.
De lo que estoy seguro, es
que los viejos partidos españoles están deseando que Grecia tenga muchos
problemas, para así asustarnos a los españoles haciendo el correspondiente
paralelismo entre Syriza y Podemos.
