Es evidente, que Mariano
Rajoy se equivocó al nombrar a Eduardo-Torres Dulce como Fiscal General del
Estado, pues si lo que quería era un Fiscal General que se plegase a los intereses
del Gobierno y del partido que lo sustenta, debería haber nombrado a otro que
careciera de la integridad profesional de este.
Si Rajoy pretendía hacer lo
mismo que siempre hizo el PSOE, es decir, nombrar a un Fiscal General dócil que
ejerciera de mero instrumento del Gobierno, recordemos como actuaba Cándido
Conde Pumpido o el propio Eligio Hernández, más conocido como “El Pollo del
Pinar”, para que se mete en estos charcos con un nombramiento que de seguro,
tarde o temprano le estallaría en su cara, pues con su perfil, era evidente que
esto ocurriría.
Torres-Dulce entendía que
su cargo debía tener plena autonomía, y así lo entendió en el caso Bárcenas
cuando pidió prisión provisional sin fianza para don Luis, el ex tesorero popular,
una medida cautelar mucho más dura que la pedida por la propia acusación
particular, algo que no sentó nada bien ni en el Gobierno ni en el PP.
Son ya memorables sus
discursos denunciando la falta de medios legales, materiales y humanos para
combatir la corrupción en nuestro país, palabras que acusaban al Gobierno que
lo nombró.
La decisión de Torres-Dulce
demuestra que en la España actual, un hombre honesto y cabal como el, no puede
ocupar un cargo importante, ya que todo está politizado y podrido.
Y ahora nos vendrán Mariano
Rajoy y Pedro Sánchez con la mentira de que quieren limpiar la vida pública.

Evidentemente, estás en lo cierto.