Ante la decisión histórica
de Obama de iniciar la normalización de las relaciones de EEUU con el régimen
comunista cubano tras medio siglo de enfrentamiento, se han producido
reacciones de todo tipo, y da la impresión de que estamos ante un hecho que te
obliga a definirte y tomar postura.
Tengo que reconocer, que la
decisión tomada por Obama no es en sí misma ni buena ni mala, pues todo depende
de las consecuencias futuras. Es evidente, que el bloqueo y el embargo, que las
políticas de acoso y asfixia económica al que se ha sometido a Cuba durante décadas
encaminadas a hacer caer la dictadura, han sido un completo fracaso, pues la
dictadura comunista se ha mantenido en el poder y el gran perjudicado ha sido el
pueblo cubano, once millones de personas que han padecido desabastecimiento y
escasez.
La economía cubana se ha mantenido
gracias a la ayuda de Venezuela y Rusia, dos países que gracias a la actual
caída del precio del petróleo ya no están en condiciones de mantener el nivel
de ayuda a la isla.
Obama justifica su decisión
insistiendo en que ayudará al régimen a iniciar el camino a la democracia, algo
poco creíble. Más bien se puede pensar que lo que pretende la administración
norteamericana es que sus empresas sean las protagonistas en el desarrollo de
la isla y disponer de varios millones de futuros consumidores de sus productos.
Si como nos dicen, el
pueblo cubano tendrá acceso a la información y a internet, ahí sí que puede
estar el verdadero inicio del camino
hacia la libertad para los cubanos, ya que dudo que después de 50 años, la
Dictadura pretenda suicidarse.

Ahora tendrá que estar muy al tanto de que, a la muerte de los Castro, no pongan los yankees otro Fulgencio Batista al frente de Cuba. Al fin y al cabo, los hermanos Castro son consecuencia de aquella macabra actuación de EEUU y su esbirro Batista.
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