Tras los tristes
acontecimientos de los últimos días en materia de corrupción, Mariano Rajoy se
ha visto obligado a cambiar su mensaje, ese de minimizar lo que sucede. Nos
quieren vender, que su propia gente le ha presionado para que cambie de
discurso y pida disculpas, aunque posiblemente sea que el pánico empieza a
cundir entre las filas populares por el miedo a la respuesta que los ciudadanos
les den en las urnas en cuanto tengan posibilidad de hacerlo.
Y qué decir de los de Pedro
Sánchez. Ayer presentó el PSOE una lista de medidas contra la corrupción entre
las que están que los corruptos devuelvan el dinero robado, tramitación urgente
de los sumarios de corrupción, el cese inmediato de los altos cargos que sean
citados a juicio oral y la implantación de primarias por ley, algo que suena
muy bien, pero que dicho por quienes comparten mesa, por ejemplo, con sus capos
de la mafia andaluza, resulta vomitivo.
Que el partido que da
cobijo a los responsables de los fraudes multimillonarios de los ERE o de los
cursos de formación, se atreva a dar lecciones de honradez demuestra la
degradación a la que ha llegado la política en este país.
La ciudadanía está hasta el
gorro, por no decir una grosería, está harta y desmoralizada. La indignación
ciudadana ya ha desbordado los cauces controlables, los ciudadanos saben de
sobra en qué tipo de organizaciones se han convertido los viejos partidos y a
que se dedican. Es irreversible el hecho de que una parte importante de los ciudadanos
ya han decidido darle la espalda al bipartidismo, pues saben que tan culpable
es el corrupto, como los compañeros que lo saben y no lo denuncian.
