Convocados por la
plataforma Sociedad Civil Catalana (SCC), ayer 12 de octubre, Día de la Fiesta
Nacional, se reunieron cerca de 50.000 catalanes en la Plaza de Cataluña de
Barcelona para defender la Unidad Nacional. La concentración contó con el apoyo
de Ciutadans, Partido Popular y UPyD.
Asistieron muchos más
ciudadanos que el año anterior, algo que tiene mucho mérito, pues con la
presión que soporta la ciudadanía a diario por parte de quienes tratan de
imponer el discurso único independentista, es muy difícil que la mayoría
silenciosa, esa que se siente tan española como catalana, desafíe al poder y
afirme sin miedo, que “ser catalán es otra manera de ser español”.
Pese a que el acto
principal se realizó en Madrid con la presencia de nuestros reyes, era evidente
que la concentración de Barcelona era, para todos los que amamos a nuestra nación,
el acto con más carga sentimental, con más carga patriótica, el acto al que a
todos nos hubiese gustado asistir.
En cualquier país de
nuestro entorno, el Día de la Fiesta Nacional es una fiesta compartida por casi
todos y que sirve para fomentar los lazos de unidad entre los ciudadanos. Por
el contrario, en España se vive con bastante indiferencia, demostrando que eso
que llaman algunos con desprecio, nacionalismo español, ni siquiera existe.
Es evidente, que desde la
Transición algo se está haciendo mal. Las nuevas generaciones deben conocer
nuestra historia, con sus luces y sus sombras, se deben identificar con ella, y
partiendo de ahí, entender que juntos, todos los españoles, si nos lo
proponemos, seremos capaces de superar todos los obstáculos y alcanzar los
objetivos que nos hayamos marcado.

Aunque no pude asistir, me alegra que el acto de ayer reuniera a aquellos que seguramente se han sentido discriminados, al igual que yo. No hay que tener miedo.