Mariano Rajoy ha confirmado
que el Gobierno va a convocar a los grupos parlamentarios para hablar sobre los
proyectos de ley de medidas de “regeneración democrática” que envió hace meses
al Congreso. Tengo que reconocer, que me produce bastante asco escuchar a los
representantes de los viejos partidos utilizar ese concepto, pues los que han
corrompido el sistema nunca podrán ser los que lo regeneren. Más bien utilizan
ese concepto, el de regeneración democrática, porque queda bien, porque piensan
que pueden aún engañar a algunos incautos.
Como el Gobierno sabe que
tiene a casi todos en contra, ha dado solo dos meses de plazo para esas
conversaciones, pues pretende que ya en noviembre pueda empezar a debatirse y votarse
en comisión con ideas de que antes de fin de año queden aprobados en el
Congreso de los Diputados.
Entre estas medidas, el
Gobierno se ha apresurado a incluir el sistema de elección de alcaldes y otras
propuestas, aunque en el fondo de lo que se trata es de beneficiarse con la
reforma y, apropiarse y blindarse, en las más importantes alcaldías del país.
Aunque hacer esta reforma sin consenso es un gran riesgo para el PP, pues
impedir las alianzas a posteriori podría provocar las alianzas a priori, la
unión de la izquierda en una sola candidatura y la pérdida de casi todas las
alcaldías de capitales de provincia y principales ciudades.
Todo lo que no sea
desbloquear las listas electorales, no es regenerar la democracia, hay que
oponerse a votar a un cabecera de lista puesto por el aparato del partido, hay
que votar directamente al candidato que más valoremos los ciudadanos, eso se
llaman “listas abiertas”. Con este sistema, los elegidos le deben su voto a los
ciudadanos que les han votado y responden ante ellos, con lo que propone Rajoy,
el candidato le debe el puesto al aparato del partido y solo responde ante él.
Verde y con asas.
