Que Muriel Casals,
presidenta de Omnium Cultural, se atreva a vincular el escándalo de Jordi
Pujol, con una supuesta “guerra sucia” del Gobierno central para perjudicar el
proceso independentista, me parece de “aurora boreal”.
Más bien diría yo, que lo
ocurrido en Cataluña, ha sido simplemente que la omertá se ha impuesto durante
muchos años aunque nunca es eterna. Las continuas revelaciones de que la
familia Pujol se había enriquecido de forma ilegal durante 23 años fueron
silenciadas por los medios de comunicación a sueldo del régimen o
subvencionados, allí casi todos, entendiendo que los Pujol eran unos de los
suyos y que tenían que ser encubiertos y protegidos a toda costa para seguir
avanzando en el proceso independentista. Pero no nos equivoquemos, la mafia
pujolista no hubiese sido posible sin la complicidad del nacionalismo catalán y
la colaboración pasiva de, su delfín y hombre de confianza, Artur Mas.
Durante décadas lleva
imperando en Cataluña un régimen nacionalista cleptocrático, Pujol robaba en su
nombre, el resto miraban hacia otro lado y se repartían las migajas del
latrocinio envueltos en la estelada.
Los catalanes le retiran su
confianza a CiU con toda razón, ese nacionalismo convergente basado en el
clientelismo político y en el saqueo de las arcas públicas ha minado para
siempre su credibilidad. Decirse patriota y ser cliente fijo de todos los
paraísos fiscales del planeta no es compatible.
Lo dije desde el primer
día, quieren una Cataluña independiente para sellar definitivamente las
alfombras y que nadie encuentre la porquería que hay escondida debajo.
