Nunca he ocultado la
fascinación que siento por el trabajo que realiza Cáritas, una organización que
hace un trabajo descomunal para atender a los más necesitados de nuestra
sociedad.
Tras conocer el informe
sobre el año 2013 de Cáritas en Sevilla, nos damos cuenta de la magnitud de la
tragedia que sufren una parte importante de los sevillanos y a la que nadie
puede ser ajeno.
Este organismo de ayuda
social de la iglesia católica atendió el pasado año en la provincia de Sevilla
a 21.000 familias compuestas por 75.000 personas, es decir, casi un 20% más que
en el año 2012, algo que nos confirma el importante avance de la pobreza en
nuestra provincia.
Cáritas Diocesana de
Sevilla, a través de sus casi 250 oficinas parroquiales, realizó más de 110.000
intervenciones de atención primaria por un importe de más de tres millones de
euros, el 75% procedente de donaciones privadas y el 25% restante de
subvenciones públicas.
Aumentaron las personas que
le piden ayuda para comer, para afrontar gastos de vivienda, suministros, y ya
también para la compra de medicamentos, pues el copago farmacéutico ha hecho
estragos en los más desfavorecidos.
Los importantes recortes en
los servicios básicos han causado estragos en unos, y ha provocado en otros que
se desborde su solidaridad, solo dos personas de nuestra provincia legaron tres
millones de euros a Cáritas.
Tras el rescate a los
bancos, creo que ya va siendo hora de que se rescate a las personas para
sacarlas de la pobreza y la exclusión social.
Abochorna observar, como es
ya costumbre, que los servicios sociales públicos remitan a los demandantes de
ayuda a Cáritas, una Cáritas que aunque realiza una labor impresionante nunca
podrá sustituir a los poderes públicos.
En la actualidad se hace
imprescindible la creación de una renta básica de subsistencia para parados, y
por supuesto, impedir que haya trabajadores que perciban sueldos tan precarios
que ni siquiera les permiten cubrir las necesidades básicas elementales de sus
familias.
De un lado, corrupción
política y despilfarro, de otro, pobreza, mucha pobreza, claramente algo no
funciona.
