Lo
de ayer no fue un debate, Rajoy y Rubalcaba hablaron en frecuencias
distintas. Rajoy dio datos económicos para transmitir optimismo a
los ciudadanos y Rubalcaba se limitó a denunciar los recortes
aplicados por el Gobierno.
El
mensaje de Rajoy fue claro “La situación ha cambiado y va a
mejorar”. El presidente habló para los economistas, para los
inversores y para el Eurogrupo. Rubalcaba para los parados, los
pensionistas y los desahuciados.
Mientras
que Rajoy habló de macroeconomía, Rubalcaba recurrió al
sufrimiento y a las penurias de los ciudadanos. Es cierto que tras
nueve trimestres de caída continuada del PIB, hemos salido de la
recesión, es cierto que la hemorragia del paro parece haberse
detenido y es cierto que aumenta la competitividad de la economía
española. Todo ha sido corroborado por la Comisión Europea y por la
Agencia Moddy´s. Pero aunque todo eso sea cierto, los españolitos
de a pie no lo están notando en su economía familiar y tardarán
mucho, demasiado en notarlo.
Pese
a ello, que Rubalcaba vuelva al rancio discurso de “la derecha
recorta derechos sociales”, “son ustedes de derechas y la
derecha, por definición, es mala y cruel” y “la derecha ha
utilizado la crisis como pretexto para aplastar a los pobres” no
cuela, principalmente porque el tiene un pasado demasiado reciente,
fue vicepresidente de un Gobierno que arrasó el país en lo
económico, por lo que es también responsable de todos los males que
padecemos.
Rubalcaba
es un líder político que sigue anclado en una sociedad española
que ya no existe, esa que divide a la sociedad en dos, los malos de
la derecha y los buenos de la izquierda, algo inaudito en estos
tiempos y que creo incide en ello para contentar a sus primos
hermanos de IU para posibles futuros pactos de gobierno.
Vimos
a un Rajoy optimista y autocomplaciente, y a un Rubalcaba
catastrofísta que no propuso nada y que se limitó a instar al
gobierno a que retirara algunos proyectos de ley.
Rajoy
anunció la introducción de una tarifa plana de 100 euros en la
cotización a la SS para los nuevos contratos indefinidos que creen
empleo neto, que las rentas inferiores a 12.000 euros estén exentas
en el IRPF, y que en la reforma impositiva de 2015, doce millones de
españoles se beneficiaran de un alivio fiscal.
Nada
dijo nuestro presidente de medidas contundentes para atajar la
corrupción galopante que padecemos, sobre Cataluña reiteró que se
cumplirá la ley y dijo que la Constitución se puede modificar,
perogrullada, globo sonda o gesto dirigido a navegantes.
Es
un hecho que el triunfalismo y la autocomplacencia de Rajoy obvia la
realidad social de España. En una España donde uno de cuatro niños
es pobre y uno de cada tres está en grave riesgo de exclusión
social, que se nos hable de recuperación es ser miope o que se
quiere engañar a los ciudadanos. Que Rajoy nos hable de
transparencia cuando su partido, al igual que el resto de viejos
partidos, está hasta las cejas de corrupción, suena a discurso de
trileros.
Que
pensarán de las palabras de Rajoy todos esos cientos de miles
españoles, sobre todo jóvenes muy preparados, que se han visto
obligados a abandonar su país para perseguir el sueño que les
niegan sus gobernantes en su tierra.
No
soy pesimista, soy realista, tengo claro que los partidos que nos han
llevado a esta situación, no nos van a sacar de ella.