Soy
el primero de los que desearía, que los autores de los crímenes mas
execrables que se cometen en el mundo, pagaran por sus crímenes, y
mucho mas, si los sufren ciudadanos españoles. Pero eso es una cosa,
y otra, que los tribunales españoles admitan a trámite las
denuncias creando expectativas infundadas en las víctimas de las
atrocidades para luego quedar archivado el caso, pues a los autores,
al no estar en España, no pueden ser juzgados en rebeldía.
Pero
es que además, si los tribunales españoles entran en estos asuntos,
crean importantes problemas a nuestra diplomacia, hasta el punto de
que nuestra política exterior se puede resentir enormemente, y por
lo tanto, nuestros intereses en el resto del mundo.
Es
evidente, que los crímenes cometidos contra ciudadanos españoles en
otros países deberían ser perseguidos, pero quizás lo mas lógico
sería, que tribunales internacionales actuaran en los casos en los
que se suponga que es imposible extraditar y castigar a los
culpables. El caso del cámara de Telecinco, José Couso, es ejemplo
de esto, pues los tres miembros del ejército estadounidense que le
dispararon en Irak, está claro, que jamás pisarán suelo español y
que jamás serán juzgados.
También
hay que tener en cuenta, que una orden de detención internacional
cursada por un tribunal español contra personas de gran influencia
política o financiera de cualquier otro país, además de la
imposibilidad de que se lleve a efecto, puede causarles grandes
problemas a las empresas españolas que tienen intereses en esos
países, e incluso, dificultades a los españoles que los visitan.
Si, ya se que muchos me dirán que el beneficio económico nunca
puede dejar impune un crimen, pero entiendo que hay que valorar todos
los daños colaterales.
La
reforma que ha sacado adelante en el Congreso la mayoría
parlamentaria del PP, debería haber sido consensuada con la
oposición, o al menos deberían haberlo intentado, pues estamos
hablando de temas muy delicados. La oposición debería entender que
escenificar una bronca parlamentaria no conduce a nada. Las vías de
dialogo están completamente rotas entre quienes nos gobiernan y los
demás.