Es
muy posible, que la Monarquía esté pasando estos días por los
peores momentos desde que don Juan Carlos fuera proclamado Rey. Tras
la penosa imagen dada por el Jefe del Estado en el discurso de la
Pascua Militar, un discurso por cierto, con carencias inexplicables,
hoy nos hemos desayunado con que el juez Castro vuelve a imputar a la
infanta por fraude fiscal y blanqueo de capitales.

Antes
de seguir, quiero dejar claro que no soy monárquico, pero que el
Jefe del Estado, el Rey, tiene todo mi respeto. Además, considero
que si la Monarquía cumple escrupulosamente con la misión que le
otorga la Constitución y es un ejemplo para todos los españoles,
sería sin duda, lo mejor para este país.

Los
problemas llegan cuando, por una parte, hay miembros de la familia
real que tienen un comportamiento poco adecuado, y probablemente
hasta delictivo. Otras veces lo he manifestado, aunque se que mi
forma de ver las cosas no coincide con la de muchos, pienso que la
infanta se ha fiado de su marido y que, cuando todo se ha destapado,
al seguir enamorada de el y desear seguir a su lado, se encuentra en
una situación muy difícil que compromete a toda su familia.

Por
otra parte, y según lo visto ayer, don Juan Carlos no se encuentra
actualmente en las condiciones físicas ni mentales necesarias para
ocupar la jefatura del Estado. No es solo la lamentable imagen
física que da, es también el aparente deterioro mental que
proyecta.

Pero
no es solo eso, ayer hizo un discurso en el que no abordó ni el
desafío independentista catalán ni la insultante reunión de los 63
terroristas de ETA excarcelados. Teniendo en cuenta que delante de él
estaban, como destinatarios de sus palabras, los miembros de las
FFAA, a quienes el artículo ocho de la Constitución encomienda
expresamente, la defensa de la integridad territorial de España y el
ordenamiento constitucional, además de ser el colectivo mas
castigado por la barbarie terrorista, no se entiende porqué los
obvió.

Lo
cierto es que ahí está don Felipe, el príncipe heredero mejor
preparado de la historia de este país, no estaría de más empezar a
contemplar la posibilidad de la abdicación de don Juan Carlos, ya
que aferrándose a la Corona, lo único que puede conseguir es seguir
deteriorando la imagen de la institución y hasta comprometer el
futuro de su hijo como futuro rey. 

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