La
sentencia de la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Cádiz
contra Pedro Pacheco, uno de los históricos de la política
andaluza, no es discutible. Ha quedado demostrado que el ex alcalde
andalucista de Jerez enchufó a dos militantes de su partido de forma
ilegal. Por ello, le han encontrado culpable de delito continuado de
prevaricación y de malversación de caudales públicos.
A
nadie se le escapa que el bipartidismo tenía cuentas pendientes con
él, y que por fin han conseguido acabar con su carrera política,
pues cuatro años y seis meses de prisión, y ocho años de
inhabilitación para ejercer cargo público, es claramente su fin.
Ademas,
el bipartidismo consigue que un político andalucista de renombre sea
condenado por un caso de este tipo, recordemos que el PA había
sabido mantenerse al margen de los escándalos de corrupción.
El
que en otro tiempo fue el azote del PSOE, cometió el error de no
pasar esos dos nombramientos por el Pleno, ni fueron publicados en el
Boletín Oficial de la Provincia, como marca la Ley.
En
un país donde impera la dedocracia, donde los alcaldes de los viejos
partidos están hartos de nombrar, a sus allegados y amiguetes de
todo tipo, como asesores y cargos de confianza, y no pasa
absolutamente nada, vemos que contra Pacheco han actuado sin la más
mínima piedad.
Repito,
es sin duda culpable, pero lo reprobable es el hecho de nombrarlos,
no el como, que es lo que se ha juzgado.
Pedro
Pacheco se hizo famoso con la famosa frase de “la Justicia es un
cachondeo”, mas bien diría yo, que la Justicia es un escándalo,
un instrumento dependiente y al servicio del poder político. En este
caso, PSOE y PP deben haber brindado con champán al enterarse de la
sentencia.
Lo
que vemos, es extrema dureza contra Pedro Pacheco, y en cambio, ¿que
ocurrirá con el fondo de reptiles de los ERE fraudulentos o el de
Invercaria, con miles de millones, varios consejeros y dos
presidentes de la Junta de Andalucía implicados? Pues posiblemente
no ocurra nada, al menos estos intocables no pisaran la cárcel, lo
mas seguro es que sean condenados los responsables de segundo nivel,
los que recibían órdenes de los primeros.
En
esta situación vergonzosa se encuentra nuestra vida pública.