Lo primero que tengo que decir, es que me gusta ver fútbol, pero entiendo que esta situación es insostenible y un auténtico agravio comparativo con respecto al resto de nuestra sociedad.
Nuestros clubes de fútbol son envidiados en el mundo. Pero no solo por su calidad, sus títulos o sus estrellas. También lo son por su impunidad, por sus descomunales deudas y la comprensión de la que disfrutan por parte de las distintas Administraciones para eludir sus obligaciones tributarias. Quizás sea muy bondadoso al hablar de comprensión, posiblemente la palabra sea “falta de agallas” por parte de las distintas administraciones para meterle mano al asunto.
A la Hacienda pública le deben cerca de 800 millones de euros, una cifra que ha ido creciendo año a año, y que no impide que los equipos realicen traspasos millonarios o paguen fichas enormes a sus jugadores.
No solo le deben al fisco. La deuda acumulada de los equipos de Primera División al conjunto de acreedores supera los 3.500 millones de euros, una situación insostenible pero consentida por los sucesivos gobiernos. Los dirigentes políticos saben perfectamente que, los ciudadanos no se tiran a la calle contra el paro o contra la corrupción, pero que si que lo harían si le tocan al equipo de fútbol de sus amores, y claro está, pues a tragar.
Mientras que a cualquier contribuyente, ante cualquier incumplimiento tributario, se le somete a un procedimiento fulminante y eficaz, los clubes pueden convivir con esa morosidad gracias a continuos aplazamientos de la deuda y ficticios planes de saneamiento.
Hacienda sostiene que no hay ningún trato de favor y que convenios similares se firman con otras empresas en apuros. Pero los propios técnicos de Hacienda, cuestionan que se apliquen convenios sobre previsiones nada creíbles de ingresos basados en aspectos tan aleatorios como la marcha en las competiciones o que se clasifiquen para jugar en Europa. Está claro que hay condescendencia hacia los clubes. Para obtener un aplazamiento, a cualquier empresa se le pide que sus activos sean reales y que tengan una viabilidad futura, por el contrario, los clubes presentan garantías como ingresos a costa de campeonatos que aún no se han celebrado y se les consiente, algo inaudito.
Apuntando a esa teoría del favoritismo figura el hecho de que hasta al propio Ministerio de Hacienda, que ha hecho de la persecución del fraude de algunos famosos casos ejemplarizantes, esconde casi de manera vergonzante la deuda y los pleitos del fútbol. La deuda total del fútbol asciende a cerca de 800 millones. En abril de 2008 esa cifra era de 600 millones, desde entonces ha crecido un 25%. Los clubes son culpables, pero Hacienda más por permitirlo.
Todos son conscientes del problema que supone esta deuda, no solo porque crece sin freno, sino porque afecta a la imagen de los equipos, más aún en un entorno de crisis como el actual. Eso sin contar el agravio comparativo que se da entre los clubes que se endeudan hasta el infinito y los que prefieren no fichar por todo lo alto para no lastrar sus cuentas y luego sufren las consecuencias en el campo de juego.
El ejecutivo y el legislativo, tal vez porque también tienen sus equipos del alma o pensando en los de los electores, no se atreven a meterle mano al mundo del fútbol. El “valiente” de Rajoy está claro que en este asunto tampoco va a entrar.
La situación española es única en Europa. El presidente del Bayern Múnich, ha criticado duramente la impunidad del fútbol español: “Para mí es el colmo, es impensable. Pagamos cientos de millones de euros a España para que salga de la crisis y luego a los clubes se les exime de pagar la deuda. Esto no puede ser así”, dijo poco después de conocerse la deuda de los clubes españoles con Hacienda.
A la vez, los clubes españoles se refuerzan con fichajes estrella y copan las finales de la Champions y la Liga Europea (antigua UEFA), pese a su deuda descomunal. Mientras, equipos como el Glasgow Rangers, un histórico escocés abocado a la quiebra, ha visto como le quitaban 10 puntos y ha tenido que rebajar el salario de sus jugadores un 75%, por culpa de una deuda insignificante comparada con la de nuestros clubes.
La mayoría de las grandes estrellas que juegan en España son trabajadores multimillonarios de empresas casi todas en ruina. Juegan en la mejor Liga del mundo, pero también en la más morosa.
Durante la dictadura se decía que el fútbol era el opio del pueblo, que era como el “pan y circo” de Roma, ¿y ahora qué es?