El Gobierno de Cataluña ha reconocido que no dispone de liquidez para efectuar los pagos de julio a las entidades sociales con las que la administración tiene plazas concertadas, como centros de mayores y de dependientes, residencias de discapacitados y entidades de atención a enfermos mentales.
La situación creada supone el «colapso» de miles de organizaciones, según ha alertado este mismo lunes la Mesa del Tercer Sector Social, que aglutina a más de 4.000 entidades.
Es completamente inmoral, que el gobierno catalán deje de pagar las facturas de los trabajadores sociales, trabajadores que hacen uno de los servicios esenciales de la comunidad autónoma, mientras se sigue despilfarrando el dinero que hay en las 44 falsas embajadas, los Consejos Comarcales, los seis canales públicos de televisión y el ilegal “genocidio lingüístico”, mas conocido por “inmersión lingüística”; se siguen dando subvenciones millonarias a medios de comunicación amigos y a los radicales de Omnium Cultural.
El nacionalismo catalán, por una parte, se envuelve en la “estelada” para seguir saqueando las arcas públicas, y por otra parte, deja tirados a los catalanes situados en el eslabón más débil de la sociedad.
Todo les vale menos reconocer el gran fracaso de los sucesivos gobiernos que han malgobernado Cataluña, una gestión catastrófica y malintencionada, pues siendo conscientes del daño que le están haciendo a una parte importante de la sociedad catalana, sus prioridades siguen siendo su enriquecimiento personal y las políticas identitarias.
A que espera el pueblo catalán para rebelarse contra esta casta indecente que les dirige, a que esperan para castigarles electoralmente. Alternativa hay, Albert Rivera, líder de Ciudadanos, y sus compañeros de grupo en el parlamento catalán, siguen realizando una excelente labor, aunque silenciada por los medios de comunicación catalanes, unos medios comprados con las subvenciones de la Generalitat y arrodillados al nacionalismo , una labor en defensa de las libertades individuales, la igualdad de derechos y el respeto a la legalidad.
Por mucho que nos pronunciemos desde fuera de Cataluña, nunca llegará la solución si los propios catalanes no intentan despertar de la anestesia identitaria.