Bankia tenía un gran agujero y el gobierno se ha hecho cargo de él asumiendo el control de la entidad al convertirse en el accionista mayoritario. Esta entidad financiera ha sido nacionalizada, es decir, la deuda es socializada y la pagaremos todos nosotros. Se sabe que cuando hay beneficios los ciudadanos no los vemos, los beneficios tienen un tratamiento distinto, son privatizados. Como siempre, lo bueno para los poderosos y lo malo para los “currantes”, ¿alguna vez fue distinto?
El resultado va a ser la inyección de cerca de 25000 millones de euros de dinero público en Bankia, es decir, dinero público para tapar agujeros privados, una estafa en toda regla.
Una gran cantidad de pequeños ahorradores han sido engañados y han visto como lo que se les vendían como “inversiones seguras” perdían en unos meses la mayoría de su valor.
El gobierno ya inyectó casi 5000 millones de euros a BFA, matriz de Bankia, un dinero que reconoce que jamás se recuperará, pero además, se hace responsable de los futuros agujeros que puedan surgir en la entidad nacionalizada.
Los ciudadanos están mayoritariamente en contra del saneamiento y del rescate de la banca a cargo del contribuyente. Este rescate se ha fraguado con una serie de pequeñas maniobras a través de las cuales se ha gestado la estafa.
La estafa ha funcionado a la perfección. La “pasta” de los poderosos ya no está ni en BFA ni en Bankia; porque ellos tenían la información para no verse afectados por todo el proceso; ellos mismos han diseñado la estafa, por ser grandes inversores y expertos en ingeniería financiera. Los ricos saben donde no tiene que estar su dinero. No como los pequeños accionistas de Bankia que lo van a perder casi todo.
Os habéis tomado la molestia de dividir lo que nos cuesta el rescate a Bankia entre los 46 millones de ciudadanos de este país, pues yo si que lo he hecho, cerca de 550 euros por ciudadano. Al ver esta cifra es cuando empezamos a ser conscientes de que estamos siendo objeto de un gran atraco.
Desde mi punto de vista, el gobierno debería haber garantizado la devolución de todos los fondos que tenían en esa entidad los distintos ciudadanos y empresas, pedirle responsabilidades a los gestores que la han llevado a la situación en que se encuentra y finiquitar la entidad.
Pero que nadie olvide, que el anterior gobierno socialista también se bajó los pantalones con los bancos. Por lo visto, el poder político siempre se arrodilla ante el financiero.
Mientras tanto, miles de familias siguen perdiendo sus viviendas al no poder hacer frente a sus hipotecas y cientos de miles de ciudadanos siguen sin tener cubiertas sus necesidades básicas.
Iluso de mi, y yo que pensaba que se gobernaba en pos del interés general, del interés de la mayoría.