Cada cierto tiempo, la realidad nos recuerda que nuestra democracia tiene una gran asignatura pendiente, la asignatura del Peñón de Gibraltar, un trozo de España que de forma anacrónica sigue siendo una colonia del Reino Unido, una nación que curiosamente es un estrecho aliado dentro de la OTAN.
Posiblemente, Felipe González, tuvo en su mano la resolución de este asunto, y no tuvo los reflejos ni los arrestos necesarios para poner como condición innegociable para nuestra entrada en la Alianza Atlántica, la devolución del Peñón de Gibraltar por parte de la “Pérfida Albión”, denominación que empleaban los normandos al referirse a las Islas Británicas.
Las autoridades gibraltareñas pretenden el control de unas aguas que consideran suyas, pero que no lo son de acuerdo con la legalidad internacional.
Junto con la firme reivindicación de la españolidad del Peñón, es preciso desarrollar una actividad diplomática inteligente, justo lo contrario de lo hecho durante los ocho años de gobiernos socialistas. A las autoridades gibraltareñas hay que sacarlas de cualquier mesa de negociación, Zapatero lo aceptó, y así, legitimó la existencia política de Gibraltar, empeorando el statu quo del contencioso entre ambos países.
No debemos consentir que se nos humille, nuestros pescadores y su derecho a faenar en aguas españolas, debe ser defendido por nuestro gobierno hasta sus últimas consecuencias.
Yo siempre pensé que la recuperación de Gibraltar era un anhelo de la gran mayoría de la ciudadanía española, pues bien, tras oír las declaraciones de la alcaldesa de La Linea de la Concepción, alcaldesa del PSOE, me he llevado una gran sorpresa, al comprobar que su discurso es mucho más cercano al de las autoridades de Gibraltar que al de nuestro gobierno. Por lo visto, en este asunto, la izquierda debe considerar que esta reivindicación es de “fachas”, saliendo a la luz una vez mas esa inconfesable “querencia” que le hace tan difícil defender todo lo que pueda oler a “sentimientos patrióticos”.
Estoy de acuerdo en que no debemos caer en el “patrioterísmo”, pero lo que no debemos olvidar es que la razón histórica y legal está de nuestra parte.