Estando
ayer de tertulia con un grupo de amigos, se suscitó este tema y
rápidamente me dijeron que no sería capaz de plantearlo en mi blog,
pues este asunto quizás sea de los que a los políticos les daría
más miedo hablar. En este jardín, está claro, que nadie quiere
meterse, y mucho menos los políticos profesionales.
Voy
a limitarme a informaros de lo que allí se habló, de las razones
que allí se dieron, a modo de reflexión en voz alta.
Todos
sabemos, que en las Comunidades Autónomas con lengua propia hay
partidos nacionalistas y que casi la totalidad de ellos se han
declarado abiertamente independentistas; el último que lo hizo fue
Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) que está presidida por
Oriol Puyol, hijo del ex-presidente Jordi Puyol.
Todos
sabemos, que hay países, muchos de ellos con más tradición
democrática que la nuestra, donde a los partidos independentistas no
se les permite participar en el juego democrático.
Las
preguntas que nos debemos hacer son: ¿debemos permitir que utilicen
las ventajas que les otorga el sistema para que intenten destruirlo?
¿debemos permitir que utilicen el dinero de nuestros impuestos para
destruir nuestra Nación?
Debemos
tener muy claro algo: sin unidad nacional la Constitución dejaría
de estar en vigor, sin la Constitución el sistema democrático
caería y sin democracia dejaríamos de disfrutar de libertad.
Lo
lógico sería que todos los partidos legales trabajaran en pos del
interés general y gobernaran respetando la legalidad, los derechos y
libertades democráticas, buscando la igualdad y no olvidándose
nunca de la solidaridad interterritorial. Pues bien, a fecha de hoy,
los partidos independentistas, cuando tocan poder, solo trabajan para
la consecución de objetivos que ayuden a fortalecer sus naciones
imaginarias desde el más rancio egoísmo aldeano, chantajean a los
partidos mayoritarios cuando les hacen falta sus votos para así
conseguir más competencias y fortalecer el autogobierno, no respetan
la legalidad incumpliendo sentencias, situándose en estado perenne
de desacato, conculcan a diario los derechos y las libertades
ciudadanas; el ejemplo más palmario es el de la llamada “inmersión
lingüística”; buscan a diario romper el principio de igualdad que
debe regir en todo el Estado en lo referente a la calidad de los
servicios públicos prestados y se niegan a ser solidarios con las
regiones económicamente más débiles.
Pero
es que además, cuando gobiernan, desprecian a diario los símbolos
nacionales, negándose por ejemplo, a cumplir la ley de banderas;
además de, entre otras cosas, de estar instalados constantemente en
el insulto y la ofensa a ciudadanos de otras comunidades. Para más
inri, la mayoría de estos partidos, se han mostrado comprensivos con
ETA y su banda de criminales.
Ésta
es la dura realidad, éste es el panorama que tenemos, y mi pregunta
sería; ¿en estas circunstancias se podría empezar a hablar de la
posible ilegalización de estos partidos?
Mis
compañeros de tertulia me han advertido que por el solo hecho de
plantearlo, más de uno me va a llamar de todo, aunque les he
respondido que a mí es muy difícil etiquetarme, ya que soy critico
con todos los partidos y opciones, en muchas ocasiones soy critico
hasta conmigo mismo.
Quiero
dejar claro, que en este país, hay y ha habido, partidos
regionalistas que luchan por sus ciudadanos y que, cuando han entrado
en el parlamento nacional, se han comportado con responsabilidad y
han entendido que lo mejor para España, también era lo mejor para
todas sus regiones.
Sólo
os
pido
que
penséis
en
este
asunto,
y
lleguéis
a
la
conclusión
de
si
la
posible
ilegalización
de
los
partidos
independentistas,
que
hacen
política
anti-española,
es
una
opción
a
tener
en
cuenta.