Vemos impotentes y tristes como Galicia arde. Esta vez, el pirómano terrorista de turno ha atentado contra Las fragas del Eume, un maravilloso ecosistema que se está convirtiendo en cenizas ante nuestros ojos.
Es una catástrofe de una magnitud enorme, y curiosamente, cuando lo normal hubiese sido una rápida reacción de las autoridades, esta no se ha producido. El gobierno gallego ha reaccionado con lentitud y la oposición ha utilizado la catástrofe como arma arrojadiza dando un lamentable espectáculo.
Galicia es una de esas regiones, que debido a su riqueza natural, necesita un pacto y políticas a largo plazo para que se puedan prevenir estos desastres.
Ha quedado claro que Galicia carece de los efectivos y recursos necesarios para garantizar la prevención y extinción rápida de los incendios forestales, así como políticas decididas que garanticen la recuperación de entornos arrasados por el fuego.
La naturaleza gallega, y la del resto de España, están faltas de políticas para la protección y el desarrollo del medio rural. Estas políticas deben salvaguardar la sostenibilidad de nuestro rico patrimonio natural.
Detrás de cada pirómano no hay un loco, posiblemente haya un sicario, que hace lo que hace, pagado por quienes defienden intereses particulares e inconfesables.
La defensa del patrimonio natural es misión de todos, todos debemos unirnos para poner freno a su destrucción.
Por ello, debemos exigirle a nuestros gobernantes que legislen y procedan a endurecer las penas contra los que atentan contra la naturaleza.