Lo primero que tengo que decir es que no soy ni monárquico ni antimonárquico. Soy un ciudadano más, de los que piensan que si la Corona cumple con su cometido, debe seguir. Desgraciadamente, este es un asunto, que como todo, está politizado. Históricamente, las derechas han sido monárquicas y las izquierdas republicanas. Hoy en día, el único partido con representación parlamentaria que se declara abiertamente republicano es Izquierda Unida, un partido minoritario que nunca ha renunciado a la III República.

Hay que reconocer que bajo el reinado de nuestro actual Rey, España ha disfrutado del más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia.

También tenemos que reconocer que nuestra democracia está aún muy verde para plantear el debate de la monarquía, nuestra sociedad carece aún de la madurez y el valor necesarios para abordar este asunto.

A lo largo de su historia, España ha sido dos veces una república, y en ambas ocasiones lo fue porque el rey salió huyendo al temer por su vida. El primero en dejar sin cabeza a la Corona española fue Amadeo de Saboya y el segundo Alfonso XIII.

Tenemos que reconocer que la institución monárquica en los países europeos donde se mantiene no goza de buena salud, en unos es cuestionada en sí misma y en otros sufre desprestigio por el comportamiento inadecuado de los miembros de las respectivas Casas Reales.

Nuestra Corona, debemos reconocer que goza de buena salud y prestigio, solo empañado por el inapropiado criterio a la hora de elegir quienes iban a ser los esposos de nuestras infantas. Los que han criticado por anacrónico el sistema de casar a los miembros de la realeza con sus iguales, tras ver los riesgos que se corren al no cumplir este antiguo precepto, dándole quizás entrada en una familia real a personas que con su actitud y comportamiento pueden poner en entredicho a la propia institución, es posible que empiecen a entender el porqué se hacía.

Ayer, nuestro Rey, cometió un grave error, estando de baja para asistir a actos oficiales, le vimos en el Gran Premio de Formula I de Abu Dabi. No soy quien pero lo diré, si no está en condiciones físicas para cumplir con sus deberes de monarca, tampoco debe estar para sus viajes de placer. Quizás, con esto, nuestro monarca nos recuerde que él también es un hombre de carne y hueso, y que también comete errores.

Tengo muy claro que hasta que no se supere la grave crisis nacional, política e institucional que padece España será imposible abordar el asunto de la monarquía. Con la que tenemos encima solo nos faltaba abrir ese melón.

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