Vivimos en una realidad marcada por el agravamiento de la crisis económica, una crisis muchísimo mas grave de lo que creemos y nos cuentan. Una de las imágenes más dramáticas de esa realidad son las que nos llegan a través de las televisiones cuando nos ofrecen imágenes de la ejecución de un desahucio.

Desconozco si a vosotros también os ocurre, pero yo me estremezco cuando veo a esas familias humildes que se ven abocadas a abandonar, posiblemente su único patrimonio, en muchos casos lo que ha constituido su principal objetivo, su principal meta vital.

Aún recuerdo cuando, no hace mucho, las entidades bancarias se lanzaron a la vorágine de conceder hipotecas a mansalva, a quién podía pagarla y a quién no podía, inflando las tasaciones de las viviendas para que el propietario, además, pudiera comprarse un buen coche y veranear ese año, pensando que el valor de las viviendas seguiría subiendo eternamente. La banca ha demostrado no trabajar ni para nosotros ni para su país. La banca, aún en el S.XXI, trabaja para la banca.

Los bancos daban suculentas comisiones a sus empleados por cada crédito hipotecario concedido y arrebatado a la competencia. Sus campañas de publicidad y marketing iban encaminadas a crear en los ciudadanos la necesidad de comprarse una primera vivienda o la de irse a una mejor, todos lo recordamos. Incluso se inventó la figura, para mí fraudulenta y de cara a los inmigrantes, de la hipoteca cruzada, con lo cual un inmigrante mileurista adquiría una deuda astronómica. Repito, una auténtica desvergüenza.

Pero claro, la burbuja explotó, entonces los bancos se dirigieron al gobierno, cual indecentes plañideras a pedirle ayuda. Después todos sabéis lo que pasó, bajada de pantalones del gobierno socialista.

Antes de disolverse el Congreso se aprobó la reforma de la Ley Concursal, no contemplándose en ella la situación de familias insolventes ni la de particulares con problemas financieros. Gracias de nuevo, señor Zapatero.

Siempre se ha dicho que cuando un constructor tiene una deuda con una entidad bancaria el problema lo tiene el banco, no el constructor, y efectivamente a ese sí que se le refinancia la deuda o el banco se conforma con una “dación en pago” al por mayor. En cambio si el que no puede pagar es un ciudadano humilde: sin piedad, a saco contra él, ni “dación en pago” ni nada de nada, se quedan con su vivienda y endeudado de por vida. Una auténtica vergüenza.

Si nuestro gobierno, en vez de darles dinero a los bancos les hubiera comprado a la baja parte de ese parque de cerca de tres millones de inmuebles sin vender, y a continuación lo hubiera puesto en alquiler a precios asequibles, los ciudadanos lo hubiesen entendido. Los bancos se hubieran recapitalizado y muchos ciudadanos tendrían acceso a una vivienda.

No se le podía pedir “peras al olmo” a los sucesivos e incompetentes gobiernos, mas preocupados en tener “buen rollo” con los banqueros que en solucionar los verdaderos problemas de los ciudadanos.

Mirad, yo soy de esos ciudadanos que aunque ya he pasado de los cincuenta tengo aún el defecto de “rebelarme contra las injusticias”. Debemos de ser minoría, o a lo mejor es que los demás prefieren estar callados para no significarse, lo cierto es que o nos rebelamos o seguirán abusando descaradamente de nosotros.

Nuestro sistema político está podrido y ampara las injusticias. De cara a las elecciones del 20-N solo se puede votar a partidos que estén por la regeneración democrática.

Un comentario en «Desahucios: Crónica de una gran injusticia»
  1. Alejandro, yo también soy de las que a pesar de tener 50 años, tengo el mismo defecto que tú "rebelarme contra las injusticias", y también soy centrista, liberal y progresista, y por supuesto con las suficientes energías para seguir presentando batalla, un saludo desde Cataluña

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