Estos últimos días, nuestra Ministra de Asuntos Exteriores ha realizado unas declaraciones donde afirmaba que “quizás haya llegado el momento de que España reconozca al Estado Palestino”.
Para comenzar debo decir que un gobierno como el nuestro, que se encuentra en lo que los periodistas deportivos denominan “minutos de la basura”, no debe tomar decisiones de este tipo, decisiones que debe tomar en buena lógica el gobierno que salga elegido tras las elecciones del 20-N.
El conflicto entre el Estado de Israel y el pueblo palestino es antiguo. Muchos han tratado de encontrarle solución y nunca se han conseguido avances significativos, quizás porque las iniciativas casi siempre han partido del gobierno estadounidense, y estos dirigentes no son precisamente neutrales en este espinoso asunto.
Voy a permitirme hacer unas reflexiones. Israel es la única democracia de la zona, es aliado preferente de EEUU y su gendarme en Oriente Medio, es la auténtica punta de lanza de occidente en el avispero islámico.
Cuando Israel tiene algún problema con sus vecinos suele actuar de forma enérgica y expeditiva, sin el más mínimo respeto a los derechos humanos.
Del otro lado está el pueblo palestino, un pueblo que lleva ya demasiado tiempo sufriendo y pasando penalidades, un pueblo que ha elegido a una organización terrorista para que le gobierne, un pueblo que ateniéndonos a la historia tiene derecho a un territorio y a un estado.
Israel está rodeado de teocracias islámicas, estados totalitarios cuyos dirigentes han manifestado en público sus intenciones de destruirlo, estados que apoyan el terrorismo y no dudan en utilizarlo para conseguir sus fines.
En nuestro país la derecha siempre se ha posicionado del lado israelí, condenando con la boca pequeña sus reacciones violentas y desmedidas. En cambio la izquierda española siempre ha estado al lado del pueblo palestino, en parte por ser el más débil y por tanto el que peor lo pasa, y por otro lado, porque parece que la animadversión hacia Israel lo lleva grabado en sus genes.
Debería recordar la izquierda española que, por ejemplo, una mujer es más igual y más libre en Israel que en Palestina, o igualmente, un miembro del colectivo LGTB lo tiene mucho más fácil en Israel. ¿Acaso la izquierda española no valora el hecho de que exista igualdad en Israel y en cambio, en Palestina no la haya? Más aún cuando se vulneran a diario los derechos humanos de las mujeres y de aquellos colectivos de orientación sexual distinta a la tradicional.
Unos vulneran los derechos humanos de sus vecinos, y otros los de sus propias mujeres, gays, lesbianas, transexuales y bisexuales.
Realmente ¿Los demócratas españoles tenemos que posicionarnos? Me parece razonable que Israel exija tener garantizada la seguridad de sus fronteras. No se puede permitir que sigan lanzando cohetes desde tierra palestina a sus ciudades y sigan muriendo civiles.
Pero también es muy razonable y justo que el pueblo palestino tenga su estado.
La comunidad internacional lleva ya demasiado tiempo permitiendo lo que sucede en esa parte del mundo. Tengo el convencimiento de que si realmente se tuviera voluntad política, a este enrevesado asunto se le encontraría una solución bastante satisfactoria para ambas partes.
Lo que no podemos es intervenir o mediar en un asunto como éste y que luego, como se ha hecho en Afganistán, se permita un gobierno y una Constitución en donde se perpetúa la discriminación de una mujer que observa cómo ni siquiera una revolución política de semejante calibre le permite avanzar en la consecución de sus derechos.
Mi deseo es el de un Israel y una Palestina, vecinos y en paz. Quizás una utopía.