Del fármaco, que no vacuna, PFIZER/BIONTECH (BNT162b2), el Ministerio de Sanidad nos ha informado muy poco.
La llamada “vacuna covid” se ha empezado a administrar. Pero tras la lectura de los distintos documentos que el Gobierno Británico pone a disposición de los usuarios, así como la FDA (Agencia de Administración de Medicamentos y Alimentos de los EE.UU) y otros organismos oficiales, se observa que es escasa la información relativa al fármaco que se nos pretende administrar, lo que hace que exista un conflicto entre los principios bioéticos que rigen en los profesionales de la Sanidad: principio de beneficiencia (necesidad de no hacer daño); no maleficiencia (evitar hacer daño, evitar la imprudencia y la negligencia); principio de la justicia (atender primero al más necesitado de los posibles a atender); por último, principio de autonomía (capacidad de la persona de tomar decisiones con respecto a su enfermedad). El colectivo sanitario se debería replantear si está llevando a cabo una acción prudente y coherente con los principios bioéticos administrando este medicamento.
La gran pregunta ¿Es el fármaco BNT162b2 una vacuna? Claramente no, según la OMS, “Se entiende por vacuna cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos. Puede tratarse, por ejemplo, de una suspensión de microorganismos muertos o atenuados, o de productos o derivados de microorganismos”.
Este fármaco en su formulación no contiene antígenos que puedan inducir inmunidad específica y activa, ni microorganismos muertos o atenuados o productos derivados de microorganismos, ya que es ARN sintético, es un fármaco basado en la ingeniería genética.
De forma muy simplificada: el ARN mensajero se introduce en la célula humana y le da órdenes para que produzca la proteína S que ponga en marcha los mecanismos inmunológicos del organismo. Ya que todavía no hay estudios suficientes que demuestren que se genera dicha inmunidad, no sería apropiado llamarlo vacuna, sino terapia génica.
No hay estudios sobre interacciónes con otros fármacos, ni de toxicidad, ni en el caso de personas con tratamientos crónicos, recordemos que un porcentaje elevado de ancianos está polimedicado. Por ello, ¿por qué no esperar a que haya más información sobre su seguridad antes de administrarlo?
Por no saberse, no se sabe durante cuánto tiempo el ARN permanece en nuestro organismo, ni tampoco se sabe si dicho ARN puede sufrir mutaciones en nuestro interior.
Hay suficientes motivos para dudar sobre si es prudente, por parte del Gobierno y autoridades sanitarias, alentar a la ciudadanía y trabajadores a que, consuman y administren, un fármaco del que falta información y se ha elaborado con tal rapidez, que es cuestionable su seguridad y eficacia.
La FDA (Agencia de Administración de Medicamentos y Alimentos de los EE.UU) propone el siguiente listado de posibles efectos adversos derivados de las “vacunas covid 19”, dieciocho de ellos no aparecen reflejados en ninguno de los textos elaborados para el fármaco BNT162b2, se desconoce el motivo: Mielitis transversal, Encefalitis, Mielitis, Encefalomielitis, Meningoencefalitis, Meningitis, Encefalopatía, Convulsiones, Apoplejía, Narcolepsia, Cataplejía, Anafilaxia, Infarto agudo de miocardio, Miocarditis, Pericarditis, Síndrome de Guillain-Barré, Encefalomielitis aguda diseminada, Artritis, Artralgia, Enfermedad autoinmune, Muerte, Resultados del embarazo y el parto, otras enfermedades desmielinizantes agudas, Reacciones alérgicas no anafilácticas, Trombocitopenia, Coagulación intravascular diseminada, Tromboembolia venosa, la enfermedad de Kawasaki, Síndrome inflamatorio multisistémico en niños.
De todo esto, no se nos informa a los ciudadanos, y deberían, pues vacunarte con semejante riesgo, es jugar con tu vida a la ruleta rusa.
Y esto, os lo dice alguien que en este último año se ha vacunado contra 14 virus, pero eso sí, con vacunas convencionales y testadas.
Bien explicado