Ahora resulta que, el aún alcalde de Sevilla, el socialista Juan Espadas, había llegado a un pacto clandestino con el Gobierno de Sánchez para quitar a Sevilla lo que les da a sus socios antiespañoles.
Lo llaman el Pacto de Santa Justa, y es el colmo del maltrato del Gobierno central a los sevillanos. Tras llevar cuatro décadas a la cola de las inversiones en los sucesivos Presupuestos Generales del Estado, los sevillanos siguen esperando pacientemente la financiación necesaria para llevar adelante la realización de importantes infraestructuras, esas actuaciones imprescindibles para que Sevilla progrese en todos los aspectos.
Las tragaderas de los sevillanos tienen un límite que ya se ha sobrepasado. Mientras el Gobierno los desprecia con descaro, ven como esos necesarios dineros van a Cataluña y País Vasco para financiar infraestructuras que nosotros no podemos ni soñar.
¡Pero qué cambio ha pegado Juan Espadas! De decir que iba a ir a Madrid de la mano de Juanma Moreno Bonilla para reclamarlo todo, pasó a negociar con Fomento una reurbanización del entorno de la Estación de Santa Justa que permitía a Adif financiar la operación de la estación de Chamartín en Madrid, algo que suponía un grave quebranto para la ciudad de Sevilla. Espadas ha pasado de pretender pedir lo justo para Sevilla, a propiciar con premeditación y alevosía su expolio.
Y es que todo olía muy mal. Pues renunciar al proyecto diseñado por uno de los despachos más prestigiosos del mundo, para sustituirlo por unos cuantos bloques de pisos, cantaba demasiado.
Tras conocerse el video de la declaración de su esposa ante la comisión de investigación del parlamento andaluz, Espadas ya estaba tocado, y tras esto, está hundido, es un cadáver político.