Pablo Casado, llegó a la
presidencia de su partido con el claro objetivo de hacer al Partido Popular
“grande otra vez”, pero conforme pasa el tiempo nos damos cuenta, que su
proyecto es muy difícil de cumplir, pues quienes dirigen su partido, en Galicia
y en el País Vasco, parecen dispuestos a complicarle la vida y a que su mandato
sea breve.
Cayetana Álvarez de Toledo,
hizo un diagnóstico exacto de la situación en la que se encuentra el PP vasco y
acertó al describir las causas que han llevado al partido a su casi
desaparición, o como mínimo, a ser una formación marginal. Los Alonso,
Oyarzábal o Semper, pusieron el grito en el cielo, y Casado reculó. Nadie lo
entiende, pues el PP de la dignidad y de la valentía era el de María San Gil,
ese que se cargó Mariano Rajoy, nada que ver con el de estos “traidorzuelos” de
ahora.
Pero el gran obstáculo de
Casado se llama, Núñez Feijoo. Alguien que pretende, que el Partido Popular
ocupe el sitio que se suponía iba a ocupar Ciudadanos, es decir, el de un
partido que pueda pactar con el PSOE para evitar que este, gobierne con Podemos
y con el apoyo de los separatistas, según él “la mayoría de los votantes de Cs,
Vox y muchos del PSOE, caben en el PP”. De hecho, para mí, dice la barbaridad
de que el PP debe facilitar la investidura de Pedro Sánchez, pero con
“condiciones”. Parece no conocer al personaje.
Parece evidente que, Núñez
Feijoo, con esas ideas, no solo jamás derogará las leyes ideológicas de la
izquierda, ni blindará la unidad de la Nación española, pero es que, además,
seguirá apoyandoa
nivel general la inmersión lingüística que él lleva a cabo en Galicia. Si el
Partido Popular, si Pablo Casado, se pliega a lo que dice su barón gallego, el
partido seguirá el camino de la extinta UCD, y Santiago Abascal heredará
millones de votos.
