Pablo Casado, llegó a la
presidencia de un partido en caída libre, consiguió ralentizar esa caída,
consiguió mantenerse en el poder de la Comunidad y la alcaldía de Madrid, así
como en otras CCAA, y algo muy importante, le dio su confianza a Cayetana
Álvarez de Toledo, una persona que supera ampliamente a todos sus antecesores
en el cargo.
Tras describir lo conseguido,
quisiera afirmar, que no entiendo la postura de Pablo Casado en la Convención
del PP vasco. Tras unas declaraciones de Cayetana con las que están de acuerdo
la gran mayoría de militantes y votantes del partido, y ante la reacción
virulenta de Alfonso Alonso y los suyos, ese equipo de perdedores carentes de
los valores y los principios que siempre defendió el PP en esa Comunidad, no se
le ocurre otra cosa a Casado, que recular y apoyar a la actual cúpula del PP
vasco, y claro está, por ende, desautorizar a Cayetana, la que se supone es su
persona de confianza.
Ya sabemos que el actual PP
vasco defiende a capa y espada la foralidad, es decir, algo que quiebra la
igualdad entre el conjunto de los españoles por muy constitucional que sea, y
se arrima sospechosamente al PNV, es como si quisiera que le protegiese.
Pero no es solo eso, Alfonso
Alonso, en su afán de sembrar discordia, acaba de denominar a Vox, como un
partido nacionalista español, algo que, según él, ni es él ni el PP, vamos,
haciendo amigos, y por supuesto, dinamitando la idea de Casado de unir a la derecha.
Casado ha tenido la
oportunidad de cortarle la cabeza a la cúpula del PP vasco y gallego, no lo ha
hecho, posiblemente se arrepienta de ello en no mucho tiempo.
Independientemente de los
sondeos de cara a unas posibles elecciones generales el 10 de noviembre, la
actitud de este PP en absoluto es la de ir a ganar las elecciones, ni parecen
pretenderlo, ni se ven capacitados de ganar. Si el PP no cosechara unos buenos
resultados, que pasarían por subir en escaños, la veda contra Casado podría
abrirse y Alonso y Núñez Feijoo seguro que participarían en la cacería.
