Ciudadanos pudo haber hecho
su propuesta en abril, o durante los cinco meses transcurridos desde las
elecciones generales, pero no lo hizo, simplemente se limitó a decir que no
apoyaría la investidura de Sánchez ni un gobierno socialista. Su postura,
obligaba a Sánchez a pactar con comunistas, separatistas y proetarras, si
quería seguir en La Moncloa, cosa que no ha hecho, o por su incapacidad para
pactar, o simplemente porque sus asesores le aconsejan ir a otras elecciones.
La negativa de Rivera a ser
“partido bisagra” creó una enorme crisis interior y muchos nombres conocidos
abandonaron el proyecto, a la vez que sus previsiones electorales caían en
picado. Ahora, a última hora, y tras semanas en silencio, Rivera se descuelga
con una oferta a Sánchez en clave electoralista, atractiva pero copiada a la
que Casado le trasladó hace tiempo a Sánchez. Que PP y Ciudadanos se abstengan
en su investidura a cambio de que el PSOE se plantee la aplicación, de nuevo,
del Art. 155 en Cataluña, y se comprometa a no indultar a los golpistas
catalanes tras su condena, que se forme un nuevo gobierno en Navarra, esta vez
constitucionalista, y que asuma la reforma económica necesaria sin la subida de
impuestos prevista.
A estas alturas, nadie engaña
ya a nadie, ni siquiera Rivera con sus fuegos de artificio, una maniobra que le
ha dado repercusión mediática y poco más. Pedro Sánchez, nunca le ofreció a
Casado ni a Rivera, un gobierno de coalición, solo negoció con los partidos que
quieren lo peor para España. A Sánchez no le interesan los pactos de Estado,
solo le interesa el poder, y para ello pactará con el diablo si fuera preciso y
si este está receptivo.
