Con toda la información de
que disponemos sobre el brote de listeriosis, se puede afirmar, que la
responsabilidad recae, tanto en la empresa comercializadora de los productos
cárnicos, como en el ayuntamiento de Sevilla, que como administración
responsable de controlar qué alimentos nos llegan a los ciudadanos, ha quedado
con el “culo al aire”.
El 20 de junio de 2013,
Magrudis, se inscribió en el Registro Mercantil como “comercio al por mayor de
carne y productos cárnicos” e inmediatamente comenzó su actividad. Hasta 2015,
esta empresa no solicita su alta en el Registro General Sanitario de la Junta
de Andalucía, y lo hace sin aún contar con la licencia municipal de actividad.
Curiosamente, en 2016 y 2017,
Magrudis pasa dos inspecciones municipales, y en ninguna de ellas, los
inspectores municipales de Consumo detectan que carece de licencia de
actividad, algo sorprendente. Si los inspectores municipales fueron a la
empresa, fue porque tenían conocimiento de su actividad, o bien por listado
propio, o bien por listado facilitado por la Junta que cualquier administración
aceptablemente gestionada debería haber cruzado con el de las empresas del
sector con permiso de actividad municipal. Que el Consistorio hispalense tenga
la desfachatez de decir, que sus inspectores no están obligados a solicitar la
licencia municipal, es un patético insulto a la inteligencia.
Pero los despropósitos
municipales no terminan ahí, tras descubrir el ayuntamiento que Magrudis estaba
vendiendo dos tipos de chorizo, no incluidos en la alerta sanitaria, tardó
cuatro días en avisar, una temeridad. Ya llegan tarde las dimisiones en el
ayuntamiento del Sr. Espadas ¿o las muertes provocadas en parte, por el mal
funcionamiento de los servicios municipales, no las merecen?
