Los mismos que en su día
colonizaron y saquearon las Cajas de Ahorros, y posteriormente rescataron a los
bancos, y me refiero a PP y PSOE, esos que son incapaces de ponerse de acuerdo
en los principales asuntos de Estado, esos son los que ahora coinciden en la
imperiosa necesidad de rescatar Abengoa. Una empresa que gracias al favor
político puede protagonizar la mayor quiebra empresarial de la historia de
España.
¿Cuántos años hace que
Abengoa hubiera quebrado si no hubiera compensado su falta de ingresos con las
subvenciones en vena que le aplicaban las administraciones?
Cuando una empresa utiliza
el dinero de los contribuyentes para fichar con suculentos sueldos a conocidos
y amortizados políticos, cuando su consejo de administración es colonizado por
peones de lujo de los partidos gobernantes, algo va mal. La similitud de lo que
le sucede a Abengoa con lo que les ocurrió a las distintas entidades
financieras rescatadas no se puede evitar. Todo lo que tocan los viejos
partidos políticos, lo corrompen y lo hunden.
Cuando nos falta dinero
para cosas prioritarias, ¿se va a atrever alguien a intentar convencernos de
que lo prioritario es rescatar Abengoa?
Desde que Zapatero apostó
por las renovables, y dijo eso de que “hay que ser respetuosos con el medio
ambiente”, Abengoa sacó pecho y se lanzó a la aventura, colocó en su consejo de
administración a Borrell, marido de la ministra de Medio Ambiente, también
metieron al hermano del ministro de Industria. Cambió el color del gobierno de
España, y sin problema, un íntimo de Cristóbal Montoro sustituyó a Sebastián.
Para mí, un auténtico escándalo.
Solo hay una cosa cierta,
si Abengoa se hunde, los partidos políticos tendrán unos cuantos sillones menos
para colocar a sus sanguijuelas.
