A mediados de diciembre, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) pronosticó un invierno seco y mucho más cálido de lo normal, una nueva maniobra que se encuadra dentro del “engaño climático” permanente al que nos tienen sometidos.
La realidad es muy distinta, pues España está atravesando estos días episodios de frío intenso que se han dejado sentir en gran parte del territorio nacional. Heladas generalizadas, temperaturas mínimas muy bajas, lluvias persistentes y nevadas en amplias zonas han marcado el periodo navideño, posiblemente estamos inmersos en las Navidades más frías de los últimos quince años, justo lo contrario de lo que anticipaba la previsión estacional difundida por la politizada Agencia Estatal de Meteorología semanas antes, instrumento al servicio de los que apoyan la “estafa climática”.
Si a medidos de diciembre, aún en otoño, nos decían una cosa, ahora se han visto obligados a rectificar reconociendo un escenario radicalmente opuesto. Incluso en la AEMET se han visto obligados a reconocer que esta Navidad es la más fría en muchos años, una afirmación completamente incompatible con su relato previo y politizado de un invierno benigno. Todo ello ha reactivado el debate sobre la fiabilidad de las previsiones estacionales de la AEMET, una agencia que en vez de estar dirigida por meteorólogos especialistas lo está por políticos al servicio de agendas ideológicas perversas.
Y es que hace años que el cambio climático ha dejado de ser un debate puramente científico para convertirse en una especie de religión, un acto de fe ajeno a la objetividad de los datos, cuyos profetas se dedican a pregonar el fin del mundo para generar alarmismo y de este modo, poder influir tanto en los medios como en las agendas políticas de los gobiernos.
Se equivocan quienes piensan que el temido calentamiento global tan sólo tiene que ver con la protección del medio ambiente, puesto que, en realidad, se trata de la nueva excusa de la izquierda a la que acompaña la derecha acomplejada para, de una u otra forma, imponer su ideario intervencionista, liberticida y gravemente empobrecedor.
Todos los calentólogos, en mayor o menor medida, apuestan por el estatismo como única forma posible de frenar el cambio climático o, al menos, combatir sus funestas consecuencias. Pero ¿cómo? Mediante el socialismo. Es decir, exacerbando hasta límites insospechados el poder de los gobiernos para determinar el estilo de la vida que deberían llevar a cabo sus respectivas poblaciones, empezando por la forma de consumir y producir energía, cuyo precio se dispararía, junto al resto de bienes y servicios.
Y todo ello en base a un supuesto consenso científico que, por mucho que se diga lo contrario, está muy lejos de ser unánime. Existe una red internacional formada por cerca de mil científicos y profesionales de reconocido prestigio, además de tres premios Nobel, que se encarga hasta la extenuación de pregonar que “no existe emergencia climática, que no existe causa de pánico ni alarma”, eso sí, todos los científicos que cobran de los distintos gobiernos y organismos internacionales defienden a muerte la estafa, les es muy rentable.
El cuento verde del calentamiento esconde, por tanto, dos amenazas muy reales que poco o nada tienen que ver con el pretendido fin del planeta: el primero, el regreso del socialismo más abyecto y ruinoso bajo la excusa del cambio climático; y el segundo, el empobrecimiento de la población, con especial incidencia en el Tercer Mundo, debido a la subida de la luz y la fiscalidad. Y todo ello en base a un alarmismo injustificado en el que abundan las falacias, las exageraciones y los funestos designios de falsos e interesados profetas.
El movimiento global que denuncia “el cambio climático” ha corrompido a los políticos y las burocracias institucionales para ejercer un mayor control sobre las personas. Tienen a los medios de comunicación que actúan como inmensas cámaras de eco que repiten una y otra vez las noticias falsas de que están matando a tus hijos, y luego tienes a los políticos verdes que están comprando a científicos con dinero de los Gobiernos para producir temor difundiendo materiales con apariencia científica; y luego están los negocios ecológicos y los grandes capitalistas que están aprovechando los subsidios masivos y los encargos gubernamentales relacionados con las tecnologías verdes para incrementar sus fortunas. Y, por supuesto, están los científicos que están dispuestos, básicamente, a estar permanentemente enganchados a las subvenciones del Gobierno sobre este tema”.
Basta con echar un poco la vista atrás para percatarse de la gran farsa que supone el apocalipsis climático, tal y como evidencian las predicciones fallidas formuladas en los últimos 50 años. Ni las terribles hambrunas predichas, ni que el Ártico se quedaría sin hielo hace ya muchos años, ni la destructiva subida del nivel del mar, ni el racionamiento de agua y alimentos, ni la lluvia ácida que mataría los lagos, el agujero de ozono ya habría acabado con la vida en la tierra.
Todo, una gran farsa, de la que muchos “listos” se están enriqueciendo, Al Gore, les marcó el camino y los papás de Greta “la zumbada” lo siguieron. Si realmente queremos mejorar nuestro planeta, este no es el camino, la mentira nunca lo es.
Gracias