El
informe de la Policía Nacional (UDEF), no deja lugar a dudas,
relaciona directamente a la ministra Mato con la trama Gürtel. Que
esta señora se atreva a calificar ese documento oficial como
“insidias de la prensa” y que trate de desviar toda la
responsabilidad del asunto sobre su ex, Jesús Sepúlveda, dan una
idea de su catadura moral.
Esta
ministra ya no tiene crédito ante los ciudadanos, solo le queda la
confianza de un Rajoy, que si llega el momento, le cortará la cabeza
antes de perder la suya. Ni siquiera la mayoría de los votantes
populares, según las encuestas, le muestran su apoyo, por el
contrario, consideran que debe dimitir tras el informe sobre los
viajes, regalos y las fiestas de cumpleaños pagados por la trama
Gürtel.
Cuando
sobre un ministro se ciernen este tipo de sospechas, lo normal es que
dimita y no demuestre tanto apego por el sillón.
Las
palabras de la vicepresidenta, Soraya Saenz de Santamaría, llamando
al orden a los miembros de la Udef, apelando a la corrección de las
acusaciones, dando por hecho que hay discordancias, resultan
intolerables en una democracia seria. Lo mismo, la vicepresidenta,
pretende que el sentido del informe se cambie por ser lo que le
interesa al ejecutivo.
Últimamente
doña Soraya no da una, se ha atrevido a decir, para quitarle
importancia a la corrupción en su partido “que la corrupción
afecta a muchos Estados”, por lo visto, mal de muchos consuelo de
tontos.
Rajoy
también se ha lucido al decir que “hay que explorar nuevas vías
para combatir la corrupción” y que “no es un problema de leyes”.
El sabe que miente al decir esto, con la corrupción se acaba
legislando, con justicia independiente y con listas abiertas, para
empezar. El problema es que ni el PP, ni el PSOE, tienen voluntad
política para combatirla, pues su chiringuito se asienta sobre
pilares de corrupción.