Nos llegan noticias, de que los expertos económicos afirman que están ya en condiciones de asegurar, que nuestro país va a seguir en números negativos durante otros tres años, y que el porcentaje de desempleo no va a bajar en ellos del 25%. Con esos datos, a España le será imposible cumplir con los compromisos que ha adquirido con sus socios europeos y el rescate total de nuestra economía sería inevitable. Así de negro se vislumbra el futuro.
Mientras todo esto ocurre, entre la ciudadanía se empieza a cuestionar el Estado de las Autonomías, a nuestra organización territorial se la señala como la principal causa de la actual crisis económica.
La opinión que predomina, hoy en día, entre los ciudadanos, es que no nos podemos permitir mantener una España con todo multiplicado por 17, con duplicidades, con triplicidades, con instituciones y organismos totalmente prescindibles.
Los ciudadanos no entienden el despilfarro autonómico, no entienden porqué hay que mantener 17 estructuras, cada una de ellas propias de un Estado.
Por ello, uno piensa de si no va siendo hora de preguntarle a la ciudadanía mediante referendum vinculante, si desean que siga este modelo de organización territorial, o si por el contrario, desean volver al Estado centralista, mucho más barato de mantener, y en el que se podrían transferir algunas competencias y el presupuesto correspondiente a las entidades locales, dando a los ayuntamientos oxigeno y relevancia.
Desde mi punto de vista habría una tercera vía, que el Estado recuperase las transferencias de los servicios públicos básicos, con el fin de garantizar la igualdad, y dejar en manos de las autonomías las competencias secundarias, lo que conseguiría que los gobiernos autónomos manejarían presupuestos infinitamente menores de los que manejan ahora. Con este sistema se conseguiría acotar muchísimo las posibilidades de despilfarrar.
La duda es, que político se va a atrever a emprender este camino, sabiendo que probablemente se solucionarían los problemas económicos de España, aunque también sería consciente de que dejaría en el paro a cientos de miles de militantes de los partidos, enchufados y vividores a nuestra costa. El que hiciera esto, vería como muchos de los suyos le darían la espalda y su carrera política estaría en el aire, así de cruda es la realidad.
Estoy propugnando tres opciones: lo que hay, que parece ser inviable, económicamente hablando; acabar con el Estado de las Autonomías, volver al estado centralista transfiriendo todas las competencias posibles a los ayuntamientos; y por último, que el Estado recupere las grandes competencias y que las autonomías mantengan el resto en condiciónes de igualdad.
No hace falta decir, que habría que abolir de inmediato, el concierto económico Vasco y Navarro, en pos de la igualdad fiscal de todos los ciudadanos españoles.
Yo creo que en estas circunstancias este asunto debería plantearse, nuestro gobierno no puede pretender seguir cargando el coste de la crisis sobre las espaldas de los ciudadanos, sin consultarles, hoy mismo se anuncia otra nueva subida de impuestos, lo mismo la ciudadanía quiere que se produzca un cambio en este sentido que posiblemente solucionaría la crisis en poco tiempo.
Si como resultado de este cambio, se van al paro legiones de politiquillos de medio pelo y toda una nutrida fauna de enchufados, debe ser su problema, lo importante siempre debe de ser el interés general.
No olvidemos que para los nacionalistas, conseguir una competencia se ha convertido en un fin en si mismo, mientras que la razón nos dice, que si un servicio público es mal gestionado por las autonomías, debe volver al Estado de inmediato, como se hace habitualmente en Alemania con el beneplacito de los landers, pero claro, esos son gente seria. Nadie, ningún político se ha atrevido a decirlo y enfrentarse con las CCAA, la cobardía siempre ha presidido la política de este país.
El panorama es muy preocupante, el timorato de Rajoy no lo va a hacer y una izquierda tan comprensiva con los nacionalistas, tampoco. Quizás la única solución sea que por generación espontánea se produzca una movilización ciudadana, del estilo de la que propone Anguita, pero que de verdad pueda aglutinar a una gran mayoría de españoles, y que presione en la calle a unos políticos apoltronados.
No olvidemos nunca que ellos defienden sus privilegios, nosotros nuestros derechos.