María Antonia Munar, la que fue durante dos décadas, líder de Unió Mallorquina, y llave de gobierno; la que se creía fuera del alcance de la Justicia, ha sido condenada a cinco años y medio de cárcel por delitos de malversación, prevaricación, falsedad y fraude a la Administración.
A ella y a su partido se les acusaba de actuar como una auténtica banda de delincuentes, de otorgar de forma fraudulenta subvenciones millonarias, de saquear las arcas públicas amañando concursos, de convertir la política en un instrumento de lucro personal.
Creo que no hace falta decir que esta señora se ha hecho con creces merecedora de ser condenada e ir a prisión. Lo que también digo es que le ha perjudicado el hecho de pertenecer a un partido pequeño, a un partido bisagra, que ha sido utilizado por PP y PSOE para llegar al poder, pero que en el fondo estaban deseando que desapareciera, y ahora, con la inestimable ayuda de la justicia lo han conseguido.
No hace falta que os diga, que los delitos que se le atribuyen a Munar y a su partido, son prácticamente los mismos que han cometido, y cometen, cientos, miles diría yo, de políticos pertenecientes al PP, PSOE, IU y nacionalistas. Lo que sucede, es que estos pertenecen al chiringuito político que se tiene repartido el poder, mediante un pacto tácito.
Los continuos casos de corrupción que han salpicado a los grandes partidos en Valencia o en Andalucía, y a los nacionalistas en Cataluña, ¿alguien piensa que no merecen un castigo similar o superior?
Por cercanía os diré, que aquí en Andalucía apreciamos mucho el trabajo que realiza la juez Alaya con el caso de los EREs, pero deciros también que tenemos serias dudas de que cuando el caso pase a una instancia superior, los responsables sean condenados y enviados a prisión. A fecha de hoy, Griñan sigue en la calle y de Presidente de la Junta de Andalucía. Aquí nadie duda de quienes son los culpables y de que deberían ir todos a prisión, máxime cuando hablamos de un saqueo de las arcas públicas cifrado en mil millones de euros, cantidad que comparada con la de Baleares, aquella resulta ridícula.
Empiezo a pensar que si la Munar hubiese pertenecido al establishment se hubiese librado de todo.
En nuestra política hay pobres y ricos, los del chiringuito todos sabemos que están de corrupción hasta las cejas, los otros, por el contrario, tienen que “cogérsela con papel de fumar” por si acaso. Alguien se imagina lo que le ocurriría a un cargo público de UPyD, Ciudadanos o Foro, si hubiese la más mínima sospecha de que ha cometido un delito, se lanzarían a por el como pirañas, le azuzarían a la Justicia y lo destrozarían, aquí hay dos varas de medir.
Clamar por la regeneración democrática significa marginarte del régimen y eso se paga tarde o temprano. Afortunadamente, los pequeños partidos que lo practican son muy escrupulosos en eso, son honrados y encima hasta lo parecen.