Convergencia y ERC
necesitan imperiosamente el apoyo de la CUP para, por una parte, impedir el
fallecimiento político de Artur Mas, y por otra, continuar con la hoja de ruta
independentista.
La CUP ha dicho ya dos
veces, no a la investidura de Artur Mas, y parece dispuesta a continuar con su
chantaje hasta casi agotar todos los plazos, para así, meter el miedo en el
cuerpo a los otros y obligarles a comulgar con sus ruedas de molino, pues
evidentemente, unas nuevas elecciones no le interesan a los grupos
independentistas.
Antonio Baños, líder de la
CUP, ha pasado de rechazar la investidura de Mas de forma explícita, a
instalarse en la ambigüedad esperando nuevas propuestas. Hay que reconocer que
la CUP está utilizando muy bien los tiempos, su estrategia parece que al final
les dará sus frutos, pues parece que conseguirán atar todas las contrapartidas
que se proponen con su chantaje.
Pretenden revertir las
últimas privatizaciones realizadas por CiU, expropiar pisos con fines sociales,
eliminar peajes o impulsar una renta mínima.
El día 29 llamarán a sus
bases a votar la última propuesta de Junts pel Si, con un resultado vinculante.
Es casi seguro que digan que sí, le permitan a Artur Mas ser, de nuevo, presidente,
con la condición de instalarse en la absoluta rebelión contra la legalidad
constitucional. En manos de esta gente, es casi seguro, que ese tren llamado
Cataluña, descarrilará.
