El presidente separatista catalán, Pere Aragonés, ha planteado la cesión del 100% de los impuestos cobrados en la región a la Generalitat y diseñar una especie de cupo que otorgue a Cataluña singularidades tributarias como las que gozan, por motivos históricos, País Vasco y Navarra. Algo que, de concedérselo a Cataluña, dejaría herido de muerte el actual sistema de financiación autonómica, ya que restar la aportación neta de Cataluña a la caja común dejaría sin recursos a cuatro CCAA.
Si Cataluña gestiona todos sus impuestos y deja de aportar a la caja común, Asturias, Cantabria, La Rioja y Murcia no podrían financiar servicios básicos como Sanidad o Educación, viéndose forzados a cerrar colegios y hospitales. Una auténtica barbaridad que ya pidió Artur Más en 2012 y fue rechazada por el gobierno de entonces.
En 2021, Cataluña aportó 18.357 millones de euros a la “hucha común” una contribución solo superada por los 19.084 millones de Madrid. Madrid inyectó al resto del país 6.313 millones; Cataluña aportó 2.168 y Baleares, 334 millones. El resto de CCAA reciben más que aportan. Si la segunda región que más aporta deja de hacerlo, está garantizado el desastre.
Las CCAA que más ingresos recibieron en 2021, las más beneficiadas, fueron Andalucía y Canarias y, a una distancia considerable, Galicia, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana y Castilla y León.
Si Sánchez cede ante los separatistas, también en esto, para mantenerse en el poder, en Asturias, Cantabria, La Rioja y Murcia, los servicios básicos que reciben los ciudadanos se verían muy afectados, se verían forzados a cerrar, colegios, hospitales o geriátricos, estaría en riesgo el sostenimiento de los servicios clave de ese Estado del Bienestar menguante del que aún disfrutamos.
Si Sánchez cediese también en esto ante los separatistas, habría motivos sobrados para colgarlo en plaza pública.