Las manifestaciones del 1 de
mayo que tuvieron lugar ayer, cosecharon un estrepitoso fracaso, en la tónica
de los últimos años. CCO y UGT, son vistos por la mayoría de los trabajadores
españoles como sindicatos políticos, como estructuras parasitarias beneficiadas
por el sistema en detrimento de otros sindicatos, independientes en mayor o
menor medida, como organizaciones que ni representan a los trabajadores, ni
defienden sus reivindicaciones e intereses.
CCOO y UGT, parece que no
terminan de enterarse de que en este país, la mayoría de la ciudadanía se
niegan a manifestarse bajo banderas rojas y de la II República. El resultado
es, que ayer en Madrid, unos escasos 12.000 manifestantes acudieron.
Resulta curioso, que con
todos los problemas que tienen los trabajadores españoles, que con todas las
reivindicaciones que se pueden plantear, en estas manifestaciones han primado,
las reivindicaciones feministas y las de los pensionistas.
Ahora más que nunca, se tenía
que reivindicar, acabar con la fuerte precariedad laboral que padece nuestro
mercado de trabajo, y por supuesto, que esa importante mejora de nuestra
macroeconomía se vea traducida en los salarios. El problema es que los
sindicatos llamados “de clase” están en otra honda, son vestigios del siglo
pasado que siguen siendo la correa de transmisión de los partidos socialistas y
comunistas.
Mientras el sistema tenga
blindados y “comprados” a CCOO y UGT, y sus dirigentes sean una especie de
“funcionarios”, el sindicalismo español seguirá huérfano. En el siglo XXI ya
solo tienen futuro los sindicatos independientes.
