Ciudadanos ha consumado su
cantado divorcio con Manuel Valls. En este caso, los de Rivera han
protagonizado un cúmulo de despropósitos desde el principio. En vez de atraer a
Valls a su lista como independiente, optaron por integrarse en la plataforma
“transversal” del francés. Si Cs obtuvo cinco concejales en 2015, ahora solo un
puñado más de barceloneses le han dado su voto a esta plataforma y se han
conseguido seis. La operación se puede catalogar de fracaso, aunque también es
cierto que, el hundimiento de Ciudadanos en Cataluña es estrepitoso, pues de
ser no hace mucho el partido más votado en unas autonómicas, ha pasado a ser
absolutamente irrelevante en estas municipales.
Lo cierto es, que Valls ha
estado desde el principio intentando dinamitar los posibles acuerdos PP-Cs-VOX
para expulsar del poder a la izquierda, y ahora él, le da la alcaldía de
Barcelona a Ada Colau con los votos de sus concejales, esa que ha tomado la
primera medida de su renovado mandato colocando el lazo amarillo en el balcón
del ayuntamiento de la Ciudad Condal.
Valls ha apoyado a una
individua que ya ha incumplido la promesa que hizo para acceder al cargo el
pasado sábado, y lo ha incumplido íntegramente pues, ni es leal al Rey, ni
respeta la Constitución, ni es la alcaldesa de todos los barceloneses, eso sí,
su suculento sueldo sí que lo cobrará mensualmente.
El gran lazo amarillo de su
balcón la identifica como golpista, y visibiliza perfectamente sus prioridades
políticas. Valls y el PSC le sirven como coartada para blanquear su imagen.
Evidentemente, Ciudadanos no podía apoyar eso. La respuesta del PSC a lo del
lazo describe perfectamente a esta delegación putrefacta del PSOE “Ya está, no
pasa nada”.
