Es evidente que, Pablo
Iglesias y Albert Rivera, desde el punto de vista ideológico están situados en
las antípodas, pero curiosamente, en como controlan sus partidos, se parecen
mucho.
Llegaron con el mensaje de
que querían regenerar la política española y presumían de democracia interna, pero
han caído en la más absoluta dirección personalista, un estilo que ha cercenado
cualquier posibilidad de que sus partidos sean estructuras, abiertas y
democráticas, supuestamente asamblearia en el partido morado y supuestamente
participativa en el partido naranja. Cuando no consiguen que los que les
molestan se retiren de las primarias, tienen un recurso final, el socorrido
voto telemático manipulado, eso tan guay pero tan letal en manos de estos
nuevos dictadores.
Los dos líderes están
obsesionados con que todos sus portavoces tengan un discurso único, y que el
que no lo sea ni se le ocurra por asomo dar su opinión. Si pudieran, impondrían
también el famoso pensamiento único, menos mal que no pueden entrar en la mente
de los suyos. Su talante podemos comprobarlo en que los que venían a cambiar al
sistema ni siquiera se plantean dar libertad de voto en los temas llamados de
“conciencia”, su concepción de la política es la de la secta, esa en la que
nadie puede discrepar públicamente.
Los que alguna vez hemos
pertenecido a un partido político, sabemos de sobra, que no se puede coincidir
más de un 75% con el partido al que perteneces, pues todos somos
afortunadamente distintos. Eso de la uniformidad ideológica es más antiguo que
“los balcones de palo”.
Hoy en día, los partidos
políticos, incluidos los nuevos, son estructuras dictatoriales con adornos
democráticos. Eso sí, en los viejos partidos es mucho más descarado.
Y esto ocurrirá mientras
que el líder político de turno imponga las listas y los agraciados le deban su
sustento, cosa que no pasaría si se impusieran las listas abiertas, puesto que
entonces, el cargo se lo deberían a los propios ciudadanos, algo que
posiblemente nunca ocurrirá, puesto que los partidos no quieren perder ese
poder que por otra parte les garantiza a sus líderes estar rodeados de una
panda de lameculos.
