La jueza Mercedes Alaya se
enfrentó al corrupto poder socialista en Andalucía, hizo un enorme trabajo,
soportó presiones hasta inconfesables, y tuvo que irse maltrecha pero con la
cabeza bien alta. En su día, su figura demostró que hay muchos jueces que desde
el anonimato mantienen su independencia y se niegan a arrodillarse ante el
poder político. Curiosamente, al igual que ahora Carmen Rodríguez Medel, se enfrentó
al mismo poder político, al socialista, demostrándose una vez más que el PSOE
es el auténtico cáncer de nuestra democracia.
Ahora, en la investigación
del 8-M, la juez Carmen Rodríguez Medel, ha tomado el relevo como la abanderada
de ese colectivo de jueces que aún son decentes. Pese a que el Gobierno
social-comunista está utilizando a la Abogacía del Estado y a la Fiscalía
contra la jueza, y le niega la documentación solicitada, la jueza se planta y
rechaza suspender la comparecencia del delegado del Gobierno en Madrid,
imputado por prevaricación.
Incluso doña Carmen está
defendiendo con uñas y dientes al forense, por los ataques que está recibiendo
por tierra, mar y aire, por parte de esos abogados y fiscales que reciben y
cumplen órdenes del malhechor que habita La Moncloa, pues considera que “las
conclusiones del forense son claves a efectos de valorar si se dictaron
resoluciones a sabiendas de su injusticia”.
Que los propios servicios
jurídicos del Estado hayan intentado suspender hasta el último momento la
declaración de Franco, delegado del Gobierno en Madrid, y continúen en su
intento de desacreditar la instrucción de la juez y a la Guardia Civil,
demuestran el miedo del Gobierno a que todo se destape.
