Salvador Illa, abandona el ministerio de Sanidad dejando a España con las peores cifras de la pandemia de todo occidente, y se va, sin comparecer y rendir cuentas ante el Congreso de los Diputados. El que permitió el “infectódromo” feminista del 8-M, ahora será protagonista de uno nuevo, pues el 14-F agravará y mucho, la situación de la pandemia en Cataluña.
Pedro Sánchez, se lleva a Cataluña a un ministro nefasto, pero que se ha hecho muy popular por sus continuas apariciones en los medios, y por lo visto, debe pensar que los catalanes le votarán solo por eso. Desde mi punto de vista, la designación de Illa, es una falta de respeto y un insulto a los votantes catalanes.
Pedro Sánchez, acaba de sellar un traspaso urgente de las competencias de Prisiones al gobierno vasco. Tras acercar a los asesinos, ahora con esta decisión, es cómplice de su inminente puesta en libertad. Lo que Zapatero inició y Rajoy continuó, Sánchez lo concluye, es un atropello a las víctimas y una injusticia histórica.
En tiempos de Felipe González, con aquello de “Montesquieu ha muerto” se cargaron la independencia de la Justicia, los gobiernos del PP también se aprovecharon de eso de nombrar a magistrados afines, solo Gallardón en una única ocasión “de lucidez” dijo aquella frase que ha pasado a la historia “dejaremos de ver el obsceno espectáculo de que los políticos nombren a los jueces que les pueden juzgar a ellos”, pues bien, ahora, el PP y Cs, proponen que los jueces elijan a sus vocales en el CGPJ. Es lo que siempre defendí, pero los populares carecen de legitimidad para pedirlo, si gobernaran no lo pedirían, como ha quedado demostrado. Parta oponerse al asalto a la Justicia hay que atesorar principios y valores, y el PP hace tiempo que los abandonó.