Ayer
fuimos todos testigos de la respuesta de la sociedad ante el riesgo
de ruptura de la unidad nacional. Tanto en Madrid como en Barcelona,
miles de ciudadanos se manifestaron en este sentido, algo insólito
hasta ahora.
Por
primera vez, la ciudadanía toma la iniciativa en esta celebración y
eclipsa totalmente a los rutinarios y descafeinados actos
institucionales, que se celebran todos los años. La voz y el
comportamiento ciudadano, fue mucho mas expresivo que lo manifestado
por los políticos en sus discursos.
En
Madrid, Santiago Abascal, presidente de DENAES y miembro del Partido
Popular, y en Barcelona, Albert Rivera, presidente de Ciudadanos;
ambos encabezaron a miles de ciudadanos que reivindicaban la unidad
nacional amenazada y otras muchas cosas. Rivera y Abascal representan
a movimientos cívicos que han ido ganando simpatías a medida que el
desafío nacionalista contra España y la Constitución crece en
intensidad.
Es
curioso, que tras mas de tres décadas en las que solo se salía a la
calle para festejar éxitos deportivos de nuestras selecciones
nacionales, ahora se sale para defender a España como nación, pero
también se salió para protestar, para advertir a los políticos de
que el pueblo no va a permitir que esto se vaya al carajo por culpa
de los que tienen la obligación de evitarlo y no lo hacen.
El
solo hecho de desplegar en Barcelona, una gran bandera nacional
sostenida por las manos de ciudadanos anónimos, se puede considerar
un desafío de enorme trascendencia al “independentismo
nazi-onalista catalán”, da la sensación de que los ciudadanos
catalanes desean recuperar las libertades y los derechos que les ha
arrebatado el régimen opresor de pensamiento único que impera en
Cataluña.
Parece
que a los españoles se nos ha quitado definitivamente el complejo de
portar con orgullo nuestros símbolos nacionales, ya no se hace por
patrioterismo como antaño sucedía, se hace porque la ciudadanía ha
interiorizado que la unidad nacional y esos símbolos son, hoy en
día, la única garantía de democracia y de libertad.
Que
antes no se hiciera y que se haga ahora, lo que refleja es la grave
enfermedad política que padece España. Pese a los partidos
políticos, tengo la impresión de que el sentimiento patriótico que
se desbordó ayer en Madrid y en Barcelona, difícilmente va a
desaparecer, los ciudadanos empiezan a percibir que la permanencia de
España como nación está en juego y que ellos, no los políticos,
son los protagonistas y los que decidirán en que acaba todo esto.
Mientras
esto pasaba en la calle, el PSOE e Izquierda Unida se dedicaron a
hacer declaraciones bochornosas que demuestran que ni están con la
legalidad, ni con la Constitución, ni van a mover un dedo para
salvaguardar la unidad nacional. Definitivamente la izquierda se
sitúa en el “lado oscuro” de la política española.
Ahora
que estamos en pleno debate sobre si es necesario modificar la
Constitución, queda claro que debe ser modificada, pero en el
sentido contrario a lo que la izquierda y los nacionalistas piensan,
justamente hay que modificarla para defendernos de ellos. También
quiero hacer mención a las bochornosas palabras de la popular
Cospedal, quien ha manifestado que “la Constitución es muy
elástica y permite que nos podamos organizar dentro de ella sin
tener que recurrir a cambios”, cuando por culpa de esa elasticidad
estamos como estamos, es tan elástica que enarbolándola se podría
hasta destruir a la propia nación.
Rosa
Díez lo ha dicho muy claro “en la Constitución hay que hacer los
cambios necesarios para garantizar el ejercicio efectivo de la
libertad, la igualdad y la justicia, que son derechos fundamentales
irrenunciables” y que por supuesto, en la actualidad, no solo no
están garantizados, mas bien diría yo que están pisoteados.