Ayer celebramos el Día de
la Constitución, y escuchando a los diferentes líderes políticos, nos dimos
cuenta de las grandes divergencias que existen entre ellos ante una supuesta
reforma constitucional.
Algunos se empeñan en tirar
por la borda el espíritu de los acuerdos que hicieron posible que nuestra
Transición llegara a buen término, cuando en buena lógica, se trata de un
auténtico patrimonio histórico del pueblo español.
Tras 37 años, se escuchan
cada vez más voces, de dirigentes políticos y de medios de comunicación, que
expresan la necesidad de abordar una reforma de nuestra Carta Magna.
Si tenemos en cuenta que
tras el 20-D nuestro parlamento va a estar más fragmentado que nunca, y sin
mayorías, es lógico pensar que para iniciar una reforma constitucional tendría
que haber entre las diferentes fuerzas políticas, un acuerdo básico de mínimos,
ya que sin él se emprendería un arriesgado viaje sin conocer a donde queremos
llegar, no habría acuerdo posible y se podría ampliar esa brecha social y
política existente en nuestro país.
El PSOE propone un modelo
federal que siempre se ha negado a concretar y fortalecer el Estado del
Bienestar, Podemos que se reconozca el “derecho a decidir” y Ciudadanos quiere
suprimir el Senado y el CGPJ, entre otras cosas. No hay consenso entre el
reparto de competencias entre el Estado y las CCAA, ni sobre los límites de la
soberanía nacional, la reforma del sistema electoral o la organización de
poderes del Estado como la Justicia. Está claro que con este “ganao” es
imposible un consenso.
Lo triste del actual debate
sobre la reforma de nuestra Constitución, es que está provocado por el desafío
de los separatistas catalanes, y por ello, se entiende erróneamente que debe
satisfacer las pretensiones nacionalistas. Partiendo de esa base, la reforma
sería un error histórico, pues los enemigos de España no darían nada a cambio,
no cederían ni un milímetro en sus pretensiones de romper la nación española.
La Constitución es el
principal arma que tiene una nación democrática para hacer frente a los
enemigos de esa nación, si se ve que tiene carencias o disfunciones que impiden
hacer frente y derrotar al enemigo interno, debería reformarse de inmediato
para que esa nación disfrutara de más fortaleza y unidad.
Para los que proponen una
reforma que nos lleve a un modelo federal sin concretar absolutamente nada,
decirles que cualquiera de los modelos federales que funcionan en la actualidad
en otros países, ninguno de ellos permitiría ni el uno por ciento de la
deslealtad de que hace gala el gobierno catalán.
Dejémonos de historias, la
reforma de nuestra Constitución solo se justifica si es para fortalecer los
mecanismos de cohesión constitucional y la de unir a los ciudadanos españoles.
Si es para que haya MAS ESPAÑA, contará con mi apoyo, pero si es para lo
contrario, la combatiré con todas mis fuerzas.
