Definir
la política que realizan los viejos partidos de nuestro país como
“estercolero nacional”, considero que no es desproporcionado si
nos atenemos a lo que observamos, a la realidad política del día a
día.
Viendo
que los dos grandes partidos manejan presupuestos en torno a los 150
millones de euros, y que en concepto de cuotas solo ingresan el 10%
de esa cantidad, mosquea bastante; el 80% lo cubren con las
subvenciones que reciben, con dinero público, con dinero de nuestros
impuestos, estoy seguro de que si nos preguntaran a los ciudadanos,
mayoritariamente nos negaríamos a que con dinero público se les
financiara; el 10% restante les viene de las donaciones interesadas
de empresas, esas que dan dinero a cambio de que les den contratos,
dinero a ganar.
Solo
estos datos nos dan una idea de que estamos hablando, se ha
institucionalizado la podredumbre. Y claro está, cada vez mas
ciudadanos se rebelan contra esta situación, se indignan, nos
indignamos, contra los partidos políticos y contra los sindicatos,
dos instituciones clave en cualquier democracia pero que aquí están
podridas hasta la médula.
Hace
pocos días leí los resultados de una encuesta que afirmaba que el
75% de nuestra maltratada juventud contempla con indiferencia nuestro
sistema político y que el 25% restante han llegado a tal grado de
indignación que hasta estarían dispuestos a recurrir a métodos
expeditivos para intentar arreglar esto, algo muy preocupante aunque
entendible.
Si
los viejos partidos se empeñan en mantener en el tiempo la situación
actual, y no se deciden a abordar la reforma constitucional tan
necesaria, mucho me temo que en vez de hacerse de forma ordenada
desde dentro del sistema, provocarán que se haga mal y de forma
traumática desde fuera, probablemente a modo de revolución.
Ahora
mismo, pese a saber que la Constitución debe ser modificada, la
derecha no quiere cambiar ni una coma, y la izquierda quiere
modificarla para peor, algo que pondría en serio riesgo la
continuidad de España como nación, pues sus intenciones
federalistas, de llevarse a efecto, presiento serían devastadoras
para todos nosotros y el futuro de nuestros hijos.
Pero
existe otra solución, votar en las sucesivas elecciones a los
partidos nuevos, negándole el voto a aquellos que están infestados
de corrupción, algo que a priori parece difícil que se haga
masivamente, pues esos que se indignan en el sofá de su casa, una
postura que de poco sirve, cuando llega el momento se convierten con
su voto en cómplices de la corrupción dándoles su voto a los de
siempre.
Las empresas pagan a los políticos y adquieren servicios de Seguridad, limpieza, obras, etc. Y, lógicamente, pagan en dinero B a sus empleados. ¿Cómo no hacerlo así? Si cuentan con la impunidad. youtube.com/watch?v=RRcfmwSpD7w