El Tribunal Constitucional,
tomó anoche una decisión demasiado política, una decisión que trata de
contentar a todos sin dar la razón a nadie. El TC suspende cautelarmente la
investidura de Carles Puigdemont, pero únicamente en el supuesto de que el
Parlamento catalán decida celebrarla en su ausencia. Eso sí, abriendo la infame
posibilidad, de que en el supuesto de que Puigdemont regresara a España, fuese
detenido, y puesto a disposición del juez Llarena, este podría permitirle
acudir a su investidura. Hecho que pasaría a nuestra historia como uno de sus
momentos más infames.
Lo razonable, el sentido
común, la sabiduría que atesora el pueblo español, todo eso, nos dice, que cómo
es posible que se pueda permitir que a un gran delincuente como lo es
Puigdemont, que ha cometido tan gravísimos delitos, pueda ser candidato en unas
elecciones y pueda convertirse en el máximo representante del Reino de España
en una comunidad autónoma, Nación que ha querido destruir y sigue queriendo
hacerlo. El fallo del TC es político, una verdadera bazofia.
Estamos inmersos en una
auténtica lucha de legitimidades, Gobierno, Consejo de Estado, Tribunal
Constitucional, una lucha que siempre reforzará al separatismo.
La razón nos dice, que
Puigdemont, de ninguna manera puede seguir en política y que debe pudrirse en
la cárcel, pues es lo que se merece tras pretender demoler la casa común de
todos los españoles. Pero en cambio, el TC de ninguna manera le cierra la
puerta para que siga, pues tras su detención parece dejar abiertas todas las
posibilidades.
Parece que hay demasiados
interesados en que el asunto catalán nos tenga soliviantados eternamente, yo
que soy un mindundi igual que muchos de vosotros, estoy seguro de que muchos de
nosotros resolveríamos el desafío catalán en seis meses, pero parece que hay
demasiada gente encantada de que solo se hable de esto y de que los asuntos que
nos afectan a todos, todos muy importantes, estén eclipsados.
