Pedro Sánchez le ha
presentado a todas las fuerzas políticas, menos al Partido Popular, el
documento denominado “Programa para un Gobierno progresista y reformista”, un
documento que busca lo imposible, seducir a Podemos y a Ciudadanos.
El PSOE insiste en derogar
la reforma laboral y apuesta por un plan de emergencia social que incluya un
ingreso mínimo vital para atender las necesidades de las familias que carecen
de cualquier ingreso económico, medidas de lucha contra la pobreza energética y
contra los desahucios, además de la subida del salario mínimo interprofesional
para que alcance en dos legislaturas el 60% del sueldo medio neto.
El PSOE se propone estudiar
una reforma de la tributación de la riqueza y establecerá una fiscalidad
medioambiental, es decir, subirá los impuestos.
Para no cabrear a
Ciudadanos, se limita a decir que se desarrollará el concepto de Estado
federal, sin ir más allá. También propone solicitar a la Comisión Europea un
retraso en los objetivos de déficit público.
En lo referente a los
contratos laborales, mantiene su idea de crear tres tipos: indefinido, temporal
y de relevo, y para la formación.
Curiosamente, ni una sola
palabra en este programa de gobierno sobre el ultimátum que nos ha planteado el
Gobierno desleal de Cataluña para romper la unidad nacional.
Estamos ante un programa
cuyo objetivo es conseguir la investidura, un conjunto de medidas que
constituyen un guiño agradable para quienes con sus votos pueden hacer
presidente a Pedro Sánchez.
No obstante, si se mantiene
el veto mutuo entre Podemos y Ciudadanos, y las líneas rojas del Comité Federal
del PSOE, la misión de Pedro Sánchez es totalmente imposible.
