He sentido verdadera
indignación, cuando he oído hablar al “Percebe de La Moncloa” eso de que
Cataluña ha vuelto a la normalidad tras la “aplicación” del 155.
Para Mariano Rajoy, volver a
la normalidad es que ataquen a una vivienda por el hecho de tener puesta en el
balcón una bandera nacional; o que en un puente amanezcan colgados varios
muñecos con las siglas de los partidos constitucionalistas; o que en los
colegios catalanes, esas auténticas “madrasas separatistas” sigan envenenando a
los niños sin que la Alta Inspección haga absolutamente nada; o que TV3 y resto
de medios públicos, sigan en su línea antiespañola habitual, sin ser cerrados
ni limpiados internamente; o que Puigdemont desde Bélgica humille al Gobierno que
preside, a diario; o que los partidos golpistas sigan siendo legales y hayan
podido presentarse a las elecciones; o que los acusados de rebelión estén
encarcelados y puedan ser candidatos; o que los Mozos no hayan sido disueltos
ni depurados.
El 155 ha sido un auténtico
espejismo, que solo ha servido para convocar de manera apresurada unas
elecciones envenenadas. El 155 no se ha aplicado para que el PNV apoye los
Presupuestos y no haya que convocar elecciones generales. Rajoy y el PP, en
este caso muy claramente, han tomado decisiones en clave de partido, y no en
clave de interés general.
El resultado del 21-D no nos
va a gustar, porque o ganan de nuevo los separatistas, o el PSC forma un
tripartito de izquierdas, personalmente desearía que Ciudadanos ganara y
pudiese gobernar, pero lo veo casi imposible.
