No estoy de acuerdo con
aquellos que nos dicen con rotundidad que, gracias al Estado surgido de la
Transición, los españoles hemos disfrutado de nuestros mejores años, basándose
únicamente en lo que se denomina “Estado del Bienestar”, es decir, sólo en los
servicios que recibimos los españoles en el ámbito de lo material. Eso de
estómago lleno y alma vacía, nunca es lo mejor.
Desde la Transición, el
bipartidismo, PSOE-PP, ha gobernado este país durante décadas, y lo ha hecho,
desde mi punto de vista, con dos peculiaridades aplicables a ambos partidos, la
corrupción y la cesión ante los que quieren destruir nuestra Nación. En ambos
partidos siempre ha primado el llegar al poder o mantenerse en él, para ellos,
lo mejor para España y para los españoles, siempre fue secundario. Por ello, el
llamado Estado de Derecho, hace tiempo que dejó de estar vigente en cada vez
más lugares de nuestro territorio.
De aquellas cesiones viene el
lodazal actual, y el último capítulo lo estamos viviendo estos días. Al
político golpista Puigdemont, podrían permitirle ser candidato a las elecciones
europeas, dando igual que este fugado en otro país y perseguido por la justicia
por el más grave de los delitos. La Junta Electoral lo vetó, pero para el
Tribunal Supremo no hay impedimento legal para su candidatura y le pasa el
asunto a los jueces de Madrid para que decidan. Eso sí, la Fiscalía de Madrid,
actúa en defensa de los intereses del golpista. El Gobierno, a través de
Justicia, mueve sus hilos para hacerles así un gesto, a sus socios siempre, a
los independentistas.
Viendo lo que ven, los
gobiernos belga o alemán, estarán convencidos de que hicieron muy bien en
negar a España la extradición de Puigdemont. Somos una gran Nación, pero
asentada en un Estado caótico que fomenta el individualismo egoísta en vez de la idea de pertenencia a una gran Nación.
