La reforma de la estiba
portuaria está impuesta por la sentencia de 2014 del Tribunal de Justicia de la
Unión Europea, por ello, más pronto que tarde, el sector de la estiba deberá
ser liberalizado. Por ello, la derrota que cosechó el Gobierno ayer en el
Congreso de los Diputados, lo único que demuestra, es que ha prevalecido la
cortedad de miras sobre la responsabilidad institucional.
La oferta del Gobierno a
los estibadores era muy generosa y nos habría costado mucho dinero, aunque
ahora, tras ser rechazada, nos costará mucho más, 130.000 euros diarios de
multa, exactamente. Esta multa deberían pagarla los partidos que se han opuesto
a la reforma, y no nosotros.
El gremio de la estiva fue
liberalizado hace más de veinte años en los países de nuestro entorno, y en el
nuestro, como siempre, ningún gobierno se atrevió a hacerlo, ningún partido
quiere perder votos, dejan que los asuntos se vayan pudriendo y que acarree con
ellos el que venga después.
Entiendo perfectamente a
los estibadores, son un colectivo de privilegiados como lo puede ser el de los
controladores aéreos, con grandes nóminas, con puestos de trabajo casi
hereditarios, y encima, si paralizan su actividad ponen en peligro el 20% de
nuestro PIB. A quien no entiendo es a la izquierda que les apoya, esa que habla
siempre luchar contra el machismo, y en este caso, apoyan a un gremio donde a
las mujeres no se les permite ni asomarse. Me extraña sobre todo, el apoyo del
PSOE a este colectivo, de Podemos me extraña menos, pues ellos mantienen relaciones
íntimas con países donde a las mujeres se las trata peor que a los perros.
Y qué decir del bochorno de
Ciudadanos, su oportunista deserción de última hora al ver que la votación no
saldría adelante, dándole igual que en su programa pidiera la liberalización de
la estiba, de auténtica vergüenza. Lo mismo, sueñan los naranjitos con que los
estibadores les voten.
La derrota parlamentaria
del Gobierno de ayer, abre un nuevo periodo, pues nos hace pensar en las
escasas posibilidades que tiene Rajoy de poder aprobar los Presupuestos
Generales del Estado, por lo que se lanza un mensaje de absoluta inestabilidad.
Si en lo obvio no hay
acuerdo, imaginaros en lo demás. La cuenta atrás de un adelanto electoral puede
haber comenzado ayer.
