Muchos españoles tuvimos
anoche la ocasión de ver por televisión, una especie de debate electoral,
propiciado por el periodista Jordi Evole, y que protagonizaron Pablo Iglesias y
Albert Rivera.
Este sucedáneo de debate,
se desarrolló en un bar de un barrio obrero de Barcelona y el que lo dirigía
consiguió que se desarrollara de forma bastante fresca y distendida. Para mí,
es completamente impensable que, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, aceptaran
participar en algo así, pues los debates televisivos que los grandes partidos
siempre han pactado han sido bajo formatos superencorsetados, donde han
controlado hasta el más mínimo detalle, que no han servido para nada, y que han
supuesto siempre una farsa y un engaño a los ciudadanos.
Tengo que decir, que
mientras que la actitud de Rivera era la de alguien sabedor que puede pescar
votos en casi todos los caladeros, por lo que se expresaba seguro de sí mismo y
muy motivado, Iglesias apareció como un político que ha perdido bastante de la
chispa que tuvo antaño, y cuyo mayor interés era el de contentar a los suyos.
Mientras que Pablo Iglesias
esgrimía un discurso en el que defendía ideas bastante desfasadas, sobre todo
en lo económico, Albert Rivera le replicaba y trataba de desmontar lo que este
decía, cosa que creo que consiguió, mostrándose el catalán mucho más
convincente.
El momento más brillante
del debate fue cuando Rivera le dijo a Iglesias “que la riqueza, primero se
crea y después se reparte, tú solo vas a repartir pobreza”, viniendo esto a
colación de la afirmación de Iglesias de que el salario mínimo lo subiría a 800
euros, por decreto y nada más llegar al poder.
Lo cierto es, que lo que
propone Pablo Iglesias es “más viejo que los balcones de palo” como se dice por
aquí por Andalucía, no se entera de que las recetas económicas que el propugna,
las del comunismo casposo, siempre que se aplicaron fracasaron.
Luego me he enterado que en
un sondeo posterior al debate, Rivera había ganado para el 80% de los
televidentes, un resultado para mí muy lógico según lo visto.
